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RELIGIÓN

El Vaticano condena no sólo la práctica sino también la "inclinación" homosexual

El Vaticano ha dado un paso adelante en la condena de la homosexualidad, tanto masculina como femenina, al afirmar que no sólo "los actos homosexuales" son condenables desde el punto de vista de la moral de la Iglesia, sino que lo es también la mera inclinación de la persona homosexual". El documento, titulado oficialmente Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, supone la condena -más dura, más completa y más sin apelación que hasta ahora ha hecho la Iglesia católica de los homosexuales. El nuevo documento, emanado de la Congregación para la Doctrina de la Fe o ex Santo Oficio, lleva la firma del cardenal Joseph Ratzinger y ha sido previamente aprobado por Juan Pablo IL

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La misma Congregación vaticana había hecho en 1975 una prirnera condena de la homosexualidad, pero distinguiendo entre "actividad" y "tendencia". En esta ocasión el nuevo documento afirma que de aquel primer documento se hicieron interpretaciones "excesivamente benévolas de la condición homosexual misma", hasta el punto, añade, "que alguno llegó incluso a definirla como, indiferente o, sin más, buena".Para el nuevo documento, "es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado" constituye, sin embargo, una tendencia más o menos fuerte hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo, la inclinación misrna debe ser considerada como objetivamente desordenada".

Por tanto, la Iglesia considera que, a partir de ahora, los pastores deberán erripeñarse para que no crean los hornosexuales que "la realización concreta de tal tendencia es una opción moralmente aceptable".

"Grupos de presión"

El texto, además de ser muy duro con los homosexuales, lo es también con los obispos, teólogos y pastores en general cuando no se oponen a los "grupos de presión", nacidos en el seno mismo de la Iglesia católica, que intentan en este campo "subvertir la enseñanza de' la Iglesia". Más aún cuando dichos grupos o personas, "manipulando a la Iglesia", se sirven de ella para influir sobre la legislación civil a favor de los homosexuales.

En este sentido, el documento prohíbe concretamente a los obispos que permitan en sus diócesis asociaciones de homosexuales católicos, y les pone en guardia para que no se les presten Iglesias o escuelas católicas donde puedan reunirse, ya que la Iglesia debe siempre predicar que la actividad homosexual es "inmoral".

En cuanto al tipo de labor pastoral que los obispos deberán permitir que se haga con los homosexuales católicos, ésta ha de limitarse, según el documento, "a deplorar con firmeza que las personas homosexuales sean objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas", ya que, se afirma, "la dignidad propia de toda persona debe ser siempre respetada". Aunque el documento añade que "la justa reacción a las injusticias cornetidas contra las personas homosexuales de .ningún modo debe llevar a la afirmación de que la condición homosexual no sea desordenada", ya que en este caso, es decir, cuando la "actividad homosexual es tomada como buena", nadie podrá después extrañarse de que en la sociedad "aumenten los comportamientos irracionales y violentos".

"La belleza de la castidad"

Dice el documento que los pastores no deben olvidarse del sufrimiento de los homosexuales creyentes que desean "servir al señor", ayudándoles a descubrir, por una parte, que también ellos mantienen intacta su "libertad" y que, por tanto, son capaces tanto de pecar como de "convertirse del mal", y por otra, que "con el esfuerzo humano, iluminado y sostenido por la gracia de Dios podrán evitar la actividad sexual".

Una de las funciones del pastor deberá ser, según el Vaticano, "convencer al homosexual de la belleza de la castidad", y recordarle en cada momento que está llarnado a realizar la voluntad de Dios en su vida, "uniendo al sacrificio de la cruz del Señor todo sufrimiento y dificultad que pueda experimentar a causa de su condición". El documento prevé ya que dicha invitación a los homosexuales a cargar con su cruz podrá ser "objeto de mofa por parte de alguno", y afirma que hay que recordar que, sin embargo, "ésta es la vía de la salvación para todos aquellos que son seguidores de Cristo".

El Vaticano, que recuerda también que para la Iglesia no existe otra actividad válidamente "moral" que la realizada entre un hombre y una mujer casados, y que no es concebible una práctica de la sexualidad que no sea entre ambos sexos, subraya que "los homosexuales, como los de más cristianos, están llamados por Dios a vivir la castidad" y a acudir con frecuencia al sacramento de la "confesión" en caso de pecado.

El documento responde, sin citar a nadie concretamente, a las objeciones que en estos últimos tiempos han hecho algunos teólogos a esta doctrina tradicional de la Iglesia sobre la homosexualidad, como, por ejemplo, el jesuita norteamericano Charles Eduard Curran, recientemente condenado por el ex Santo Oficio por sus doctrinas de teología moral. Y afirma que "hay que evitar la, presunción infundada y humilliante de que el comportamiento homosexual está siempre y totalmente sujeto a coacción y, por tanto,, exento de culpa".

El documento añade que esta perspectiva moral sobre la homosexualidad presentada por el documento "encuentra apoyos en seguros resultados de las ciencias humanas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de octubre de 1986