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Tribuna:ECOLOGÍA

Unas islas sin protección efectiva

Las islas Columbretes, a pesar de las declaraciones oficiales, siguen sin una protección efectiva. La declaración por parte de las Cortes valencianas de parque nacional marítimo-terrestre no está en vigor, ya que debe discutirse en las Cortes Generales, y no hay ninguna garantía de que un espacio tan reducido pueda homologarse con otros parques nacionales.Las Cortes valencianas escogieron el camino más complicado para proteger este espacio al condicionar el grupo parlamentario socialista al Gobierno valenciano cuando lo instó a que escogiera una vía cerrada: la del parque nacional.

La legislación española vigente permitía, la protección integral de las islas por caminos más sencillos y efectivos. La ley de espacios protegidos, de 1975, abre el camino, junto al decreto de transferencias del Estado a la comunidad autónoma en materia de protección de la naturaleza, para que las instituciones valencianas declararan a las Columbretes reserva integral de interés científico.

Vieja reivindicación

Esta vieja reivindicación ecologista, junto a la instalación de una estación biológica en las islas, no fue, sin embargo, escuchada a pesar de su fundamentada exposición y apoyos por parte de organismos como el Comité de Participación Pública de la Comisión Interministerial del Medio Ambiente.Corno en otros temas medioambientales valencianos, la grandeza de las declaraciones acompaña a la miseria de las realidades, y así hoy en día las Columbretes siguen sin ningún tipo de protección ni plan de actuación.

De esta manera, día a día los ecologistas lamentan la fama que han tomado estas rocas volcánicas, que permiten que centenares de yates y embarcaciones se acerquen a las islas, desembarquen sus ocupantes y que en realidad dejemos que un patrimonio tan valioso se vaya degradando sin remedio a pasos más acelerados que cuando eran utilizadas para las pruebas de tiro.

De todas maneras cabe la esperanza de que el proceso pueda reconducirse con la aplicación de medidas inmediatas de protección y la declaración de las islas Columbretes como reserva integral de interés científico.

Ejemplos de una gestión inteligente en los espacios insulares no nos faltan ni están lejanos. Ahí está la actuación de la Generalitat de Catalunya en las islas Medas o la loable gestión de la isla de Tabarca por parte del Ayuntamiento de Alicante al conseguir proteger hasta los fondos marinos con la declaración de Tabarca como reserva marina.

Es verdad que tampoco hay una política global para la gestión de este tipo de espacios tan singulares.

La ausencia de esta gestión es un ejemplo más de que aún hace falta mucha presión para conseguir que los compromisos contraídos por los gobiernos del Mediterráneo de proteger 50 espacios naturales se cumplan.

Jordi Bigas es portavoz de la organización ecologista Greenpeace.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de julio de 1986