Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
TRIBUNA

Figurines

Pepe Rubio es autor de figurines audaces -nunca tan audaces como los que ostenta él mismo cuando sale a saludar-, pero tiene una capacidad de contención. La sesión doble de ópera le permitió desbordarse en Il campanello di notte, de Donizetti, y conservar el orden del verismo en I Pagliacci, dentro del cual cabe dejar la fantasía en una cierta libertad en los trajes de los personajes de la commedia dell'arte y del circo. La verdad es que Il campanello no se hace soportable más que por este aspecto visual, por esta excelente creación de modista, aparte de los méritos musicales; es una piececita construida para el lucimiento de un cantante-cómico, y Chausson es el indicado, y lo ha demostrado ya en otras cosas de ese mismo corte. El eje de la obra está en los disfraces de un bromista para entretener a un farmacéutico de guardia en la noche de su boda.El invento de Sagi para unir las dos obras con una especie de tenue hilo narrativo de dirección de escena es este: Il campanello se representa en un teatro contenido en el escenano, con su falso y divertido público; en el descanso pasan varias décadas, durante las cuales sucede nada menos que la I Guerra Mundial, y ese mismo teatro, en ruinas, es el lugar donde acampa la compañía ambulante de circo en la que sucede la historia de amor, celos y muerte de I Paghacci. Es decir, se sitúa pasados muchos años de haber sido escrita, casi un cuarto de siglo después de su verdadero estreno. No hay nada que objetar a esta ficción y a esta traslación, y permite añadir alguna distracción al conjunto desde el punto de vista teatral.

MÁS INFORMACIÓN

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1986