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Crítica:

Los Morancos, elogio de la risa

Son dos hermanos. Entre los dos no suman 50 años. Son rubios y de Sevilla, pero irrumpen en el escenario chapurreando inglés y vestidos con faldas; escocesas, pajarita y boina roja. A partir de ese momento construyen durante más de una hora un espectáculo delirante sin otra ayuda que algunos disfraces, una gran dosis de talento y un notable sentido esperpéntico de la existencia.Sólo con eso consiguen demostrar que la vida es un valle de lágrimas de risas, lo cual puede que no solucione problemas trascendentales, pero da mucho sosiego.

Los Morancos utilizan una fórmula sencilla a primera vista: sacan a colación a diversos personajes de la vida nacional e internacional, los revuelven, los agitan, los manipulan con humor y con amor y sirven el brebaje al respetable provocando borracheras de hilaridad y necesidades perentorias de micción.

Los Morancos

Sala Caribiana. Madrid. Hasta el 31 de mayo.

Una dama poco avisada que acudió al local procedente de una boda hubo de salir de estampida camino de los servicios y gimiendo como una posesa: "¡Que se callen estos chicos, que me orino!".

A lo largo del espectáculo de Los Morancos presentado en la Sala Caribiana, junto a la plaza de Colón de la capital de España, van desfilando una a una las diversas ficciones de Lola Flores ("nací cuando era chica", "el Pescaílla está en adobo, que na más que llegue me lo como"), La Thatcher ("es una dama de hierro y usa tampax de aluminio"), Julio Iglesias, los mormones, Felipe González, el Butanito, Angela Channing, la Pantoja y familia, Boyer y la Preysler, Torrebruno, la Virgen de Montserrat, ("los catalanes tienen a la Virgen negra de tanto pedirle"), Butragueño, el torero Palomo Linares ("mi mejor faena la he hecho en Galerías"), el Papa ("Felipe ha logrado lo que yo no pude conseguir: 10 millones de arrepentidos").

Como se ve, el desfile es de postín, ambicioso y escabroso, pero en ningún momento hay acritud ni falta de respeto porque Los Morancos tratan con amor a todos sus fantasmas.

Ritmo vertiginoso

El ritmo del espectáculo de Los Morancos sevillanos es vertiginoso; tanto que en, ocasiones no se puede uno ni reír para no perder el hilo de los desvaríos.

Muchas frases podían estar firmadas por Ramón Gómez de la Serna: "En Burgos hace tanto frío que los gorriones van con chaleco", "Los chicos tienen entre las piernas un tirachinas", "Se recomienda el uso de cadenas en el penal de Ocaña", "España fue a Eurovisión con un Cadillac y volvió con un 133, "Si bebes, que te inviten"...

Sale uno del espectáculo con retortijones en el estómago y con el alma limpia. La risa es una catarsis. Los Morancos son muy pinchos, muy morunos y muy divertidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de mayo de 1986

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