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CARTAS AL DIRECTOR

La radiactividad del agua del Ebro

Se habla mucho de la catrástofe nuclear de Chernobil y, sin embargo, no se alude a un riesgo nuclear mucho más cercano, real y tangible que acecha desde hace tres años a los habitantes de las riberas del Ebro, desde Aseó a la desembocadura. Las centales nucleares han de estar pefectamente refrigeradas por agua. En Aseó el agua del Ebro, tras pasar por los reactores, vuelve de nuevo a su cauce, camino del mar, pero antes nos la bebemos los ribereños, con la contaminación incluida.Ahora que se ha destapado el frasco de los sustos con la catrástrofe rusa, nadie levanta un dedo para impedir este silencioso genocidio, pues las nucleares, salvo casos excepcionales, matan muy lentamente. Los efectos de la radioactividad en el ser humano, a pequeñas dosis, suelen tardar años en manifestarse, aunque cuando ya lo hacen tienen carácter irreversible. Los que vivimos cerca del Ebro estamos hartos de comedias, del "aquí no pasa nada". Queremos ser como los demás, beber la misma agua que los demás, pues nuestros impuestos son idénticos a los de los madrileños, por ejemplo. Y, de paso, avisamos a la gente de Tarragona y Barcelona de la clase de agua que van a beber cuando llegue hasta ellos el trasvase que ahora se inicia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de mayo de 1986