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"No queremos goles , queremos frijoles"

Una operación, tendente a enmascarar la situación real por la que atraviesa el país, está en marcha en México, con vistas al campeonato mundial de fútbol, que comienza el 31 de mayo.

Al grito de "No queremos goles, queremos frijoles", vecinos de la ciudad de Nezahualcoyotl, más conocida por Neza para evitar el endiablado trabalenguas, se manifestaron -y fueron dispersados con porras y gases lacrimógenos- frente al estadio donde se jugaran tres partidos del Mundial.

El caso de Neza es representativo del intento en marcha en México de lavar la cara y esconder debajo de la alfombra la situación real del país para que esa visión no empañe el desarrollo del Mundial. Neza es una ciudad de tres millones de habitantes que existe desde hace sólo 23 años, formada por un aluvión de emigrantes.

En Neza se registran los índices de criminalidad más altos de México y, según el periódico La Jornada, "el desempleo, la insalubridad y la inexistencia de ser vicios urbanos básicos han provocado que Neza albergue a un gran número de bandas de delincuentes juveniles".

La Prensa denuncia que la policía ha iniciado la retirada de vendedores ambulantes, para que no enturbien con su presencia el panorama que deben contemplar los visitantes del Mundial de fútbol. Tal afán maquillador de las autoridades alcanzó también a los tragafuegos. Estos pobres infelices se ganan unos pesos de propina en los cruces de algunas calles elel distrito federal. Aprovechan el cierre del semáforo para tragar su llamarada de gasolina encendida y luego acercarse a los coches para recibir una limosna.

Mientras los organizadores del Mundial repiten una y otra vez que no costará un peso al Gobierno, que todo lo hace la iniciativa priada, y se esfuerzan porque todo funcione a la perfección para los que vengan al evento, en la capital mexicana se hace patente cada día el desastre de los servicios básicos. La compañía de teléfonos envía los recibos a los usuarios con retraso, más allá del día fijado en el recibo como fecha tope para efectuar el pago, lo que provoca aglomeraciones, protestas y tumultos a las puertas de las oficinas de la compañía. Los servicios de gas han optado por suprimir la lectura de los contadores. Los grandes tanques de gas de los edificios sólo son entregados si los inquilinos aceptan someterse al chantaje de los vendedores: "5.000 pesos (1.300 pesetas) en efectivo por cada vecino o no dejamos la bomba". La procuraduría del consumidor dice que el procedimiento es ilegal, pero es preferible tener gas sin razón a tener la razón pero quedarse sin gas. Algunos periódicos han llegado a aventurar la hipótesis de que estas maniobras están orientadas a sacar más dinero a una población que se siente esquilmada.

El número de los que protestan es reducido todavía, pero el pasado 1 de mayo volvió a oírse en manifestaciones no oficiales el grito de "No queremos goles, queremos frijoles".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de mayo de 1986