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El conflicto del Mediterráneo

Los americanos están hartos de terrorismo. Una reciente encuesta del periódico New York Times y de la cadena de televisión CBS muestra que uno de cada siete ciudadanos opina que es el problema más grave para la nación. Si se pudiera demostrar que la Libia del coronel Gaddafi tuvo que ver con los recientes actos terrorista de Grecia y Berlín, el presidente Reagan seguramente encontraría un amplio apoyo (...). Con la VI Flota camino hacia Libia, la dificultad radica en demostrarlo. Lo que Reagan no ha conseguido es presentar las pruebas necesarias para justificar un ataque.Funcionarios de la Administración norteamericana que no han dado su nombre afirman tener pruebas indiscutibles de que Libia planeó el atentado contra la discoteca de Berlín occidental. Entonces, ¿por qué no presentarlas? Porque podría demostrar cómo se obtuvo la información. Sucedió lo mismo en enero, cuando Reagan declinó presentar la prueba irrefutable de la participación de Libia en las matanzas de los aeropuertos de Roma y Viena o de los campos de entrenamiento terroristas que se decían existentes en Libia.

Puede haber fuertes razones para mantener secreta la información, cuya revelación pudiera comprometer a los servicios de inteligencia (...). Sin embargo, un funcionario tras otro incrementan la agitación pública con indicios, incluyendo uno que ahora se sabe falso: que el coronel Gaddafi telefoneó a sus diplomáticos para felicitarles por los atentados (...).

Pero los norteamericanos han aprendido que los presidentes pueden exagerar. Lyndon B. Johnson infló la verdad respecto al golfo de Tonkín; Jimmy Carter hizo sonar la falsa alarma de una brigada soviética en Cuba, y la Administración Reagan alertó al mundo sobre los Mig soviéticos, que, según resultó, no fueron enviados a Nicaragua. Antes de que se lancen misiles otra vez en el golfo de Sirte, los norteamericanos se merecen una clara relación de los crímenes de Libia.

14 de abril

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