Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

El empleo, los precios y la actividad económica

LA PUBLICACIÓN de algunas estadísticas recientes relativas a dos aspectos esenciales de la actividad económica -paro y precios- ha despertado de nuevo el optimismo en medios oficiales, cuyas esperanzas de una recuperación equilibrada habían sufrido un cierto revés hace unas semanas, al conocerse el índice de precios del mes de septiembre.El avance de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al tercer trimestre del año muestra un aumento del empleo, en sentido estricto, del orden de unas 50.000 personas (una vez corregidos los efectos estacionales, particularmente acusados en esa época del año), y de unas 30.000 si se toma en consideración la variación negativa del llamado empleo marginal. Contrariamente a lo que se ha venido afirmando, no hay que buscar muy lejos para encontrar unos resultados más favorables: en el segundo trimestre de 1983 el empleo total creció en unas 50.000 personas. Lo que resulta novedoso es el descenso del paro en unas 30.000 personas; ello se debe tanto a la citada evolución del empleo como al estancamiento de la población activa, hecho inquietante si se considera que nuestra tasa de actividad (la relación entre quienes trabajan o buscan trabajo y aquellos que están en edad de hacerlo) es la más baja de los países industrializados.

Tal vez lo más importante de estos resultados sea la comparación global, en lo que va de año, con períodos precedentes: si nos atenemos al empleo en sentido estricto, la variación a lo largo de los nueve primeros meses de 1985 ha sido ligeramente positiva, lo cual contrasta favorablemente con lo sucedido en años anteriores. Es, pues, posible que la destrucción de puestos de trabajo esté tocando fondo, aunque será preciso que transcurra algún tiempo para poder estar seguros de ello; tanto más cuanto que el paro registrado en el mes de octubre volvió a aumentar, después de haber descendido a lo largo de varios meses consecutivos. En este terreno, el Ministerio de Trabajo está en trance de institucionalizar una curiosa práctica: cuando los resultados del paro registrado son favorables, se publican por la mañana, para que los periódicos del día siguiente los recojan; cuando son adversos, se publican avanzada la tarde, cuando las ediciones están ya cerradas; los de octubre fueron vespertinos.

En cuanto a los precios, tras el tropiezo de septiembre, ha vuelto la calma en octubre. El índice de este mes (un 0,5%) es razonable, y puede dar lugar a un relativo optimismo para lo que queda de año. Es cierto que la previsión oficial (un 7,9% en diciembre) es ya prácticamente imposible de lograr, puesto que el índice acumulado alcanza el 6,9% y diciembre es, tradicionalmente, un mes alcista. Si el año pasado no lo fue se debió a que algunas subidas de precios regulados que debieron haberse realizado aquel mes se aplazaron hasta enero. Este año la tarea será más difícil, puesto que en enero entrará en aplicación el IVA, y sería muy arriesgado añadir por otros procedimientos algunas décimas al efecto inflacionista de ese impuesto.

Todas estas cifras, con ser importantes, no guardan sino una relación indirecta con el mundo de la producción. Los datos relativos a la evolución real de la economía son muy fragmentarios, y aquellos que permitirían un juicio global (como el índice de producción industrial) se publican con gran retraso. En cualquier caso, los indicadores existentes reflejan una cierta recuperación de la economía a lo largo de los meses centrales del año, que, aunque modesta, ha tenido la suficiente entidad como para influir sobre el empleo. El problema consiste en saber si esta recuperación se mantendrá o no hasta finales de año y si continuará en 1986; lo más probable es que una serie de decisiones en materia de inversión o de exportaciones, que han sido tomadas en función del ingreso de nuestro país en la CEE, agote sus efectos en los próximos meses.

De todas formas, el crecimiento de la economía española en 1985 se situará, según una reciente evaluación del Banco de España, alrededor del 1,5%, bastante por debajo de las previsiones oficiales y del crecimiento medio de los países de la CEE. Los progresos obtenidos en la reducción de los desequilibrios de la economía y la relativa aceleración de la tasa de crecimiento en los últimos meses, juzgados en un contexto más amplio, reducen a sus justas proporciones la euforia que parece reinar estos últimos tiempos en algunos sectores de la Administración.

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