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El descubridor del agente del SIDA, afirma que no habrá un tratamiento, efectivo hasta que no se logre neutralizar el virus

El profesor Jean-Claude Chermann, investigador del Instituto Pasteur de París y miembro del equipo que aisló el virus del SIDA, declaró ayer en Barcelona que el supuesto descubrimiento de un tratamiento eficaz contra la enfermedad basado en la administración de una droga inmunodepresora que se utiliza en los trasplantes (la ciclosporina), debe ser tomado con mucha cautela, puesto que no permite curar el SIDA. Según Chermann, sólo podrá hablarse de tratamiento eficaz contra el SIDA cuando se encuentre la sustancia o el método que permita matar el virus causante.

Jean-Claude Chermann, que ayer se encontraba en Barcelona para pronunciar una conferencia en el hospital de Sant Pau, aseguró que se había enterado por la Prensa del anuncio efectuado anteayer en París por tres médicos del hospital Laennec -Philippe Even, Jean Marie Andrieu y Alain Vernet-, sobre un nuevo tratamiento contra el SIDA basado en la administración de ciclosporina, que consigue una recuperación del sistema inmunológico de los enfermos tratados.Chermann consideró precipitado el anuncio y declaró que no se puede afirmar científicamente la eficacia de un método terapéutico cuando sólo hace seis días que se aplica y únicamente a cuatro enfermos. El investigador del Instituto Pasteur auguró para los próximos meses una sucesión de noticias de este tipo, susceptibles de provocar falsas expectativas, fruto de la enorme competitividad científica desatada.

"La competencia científica es positiva, porque activa las investigaciones y permite que muchos equipos trabajen en direcciones diferentes. Pero el primer objetivo de la investigación es conseguir un tratamiento efectivo que pueda curar la enfermedad y para ello se plantean dos fases: la primera, lograr una sustancia que permita, matar el virus, y segundo, lograr una forma de restituir el sistema inmunitario atacado por el virus. El tratamiento basado en ciclosporina, en caso de que llegue a demostrarse su eficacia, actuaría sobre esta segunda fase. Pero mientras no se consiga neutralizar el virus, sólo servirá para mantener al enfermo, no se sabe por cuanto tiempo, menos indefenso ante el agente viral".

"El problema que debe resolverse con prioridad no es reemplazar los linfocitos atacados (los T4), sino detener el desarrollo del virus, y esto sólo puede conseguirse mediante una sustancia antiviral", añadió. "Considero, sin embargo, una buena idea, de cara a la segunda fase, la aplicación de un inmunodepresor para tratar la insuficiencia inmunológica".

Según el profesor Chermann, será preciso esperar para evaluar los resultados porque de momento parece que restituye una parte de los linfocitos atacados, pero no se sabe si las nuevas células están infectadas o no y cómo reaccionarán ante el virus, que sigue activo.

Parálisis y otros efectos

El doctor Chermann explicó que a medida que se avanza en la investigación se descubren nuevas dificultades. Por ejemplo, recientemente se ha aislado el virus en el cerebro y en el sistema nervioso central, en un tipo de células que no tienen linfocitos, por lo que los avances de los últimos dos años en el estudio de las relaciones entre el virus y los linfocitos no tienen utilidad en este caso. El profesor Chermann explicó, además, que el síndrome de inmunodeficiencia adquirida propiamente dicho -la aniquilación del sistema defensivo del organismo- es sólo una de las manifestaciones de la acción del virus LAV: "Se ha demostrado que el mismo virus puede provocar también alteraciones cerebrales, parálisis y determinados tipos, de linflamas".Chermann se mostró esperanzado sobre, los resultados futuros del tratamiento autiviral desarrollado por el Instituto Pasteur (el HPA-23 suministrado al fallecido Rock Hudson, cuya utilización ha sido recientemente autorizada en Estados Unidos) y de otras sustancias que se están experimentando, como la suramina o el foscarnet, pero fue pesimista en cambio sobre el resultado de las investigaciones para obtener un marcador que permita diagnosticar qué personas entre las que han estado en contacto con el virus desarrollarán después la enfermedad: "De cada cien personas que han estado en contacto con el virus y presentan anticuerpos en su sangre, 85 son portadores del virus, por lo que pueden transmitirlo, y únicamente diez desarrollarán el SIDA.

Según el profesor Charmann, aunque el SIDA es de bajo contagio, las personas que presentan anticuerpos deben adoptar precauciones, pues se ha demostrado que el contacto repetido con el virus o con cualquier otro agente infeccioso, desde una hepatitis a una gripe, actúa como factor coadyuvante en el desarrollo de la enfermedad. "Eso quiere decir que, si no se hace nada, la evolución, del SIDA puede ser catastrófica. Pero afortunadamente disponemos de un test que permite saber qué personas presentan anticuerpos y advertirles de las precauciones que deben adoptar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de octubre de 1985

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