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DOS MUNDOS DE LA DANZA

Pina Bausch: "Hay que dejar que cada cual se exprese según sus motivaciones internas"

Dos de las más importantes figuras de la danza contemporánea han bailado en la escena española dentro de la programación del Festival de Otoño: Merce Cunningham y Pina Bausch. Ambos están considerados las máximas figuras de la corriente posmoderna, aunque sean ya clásicos. Merce, de 65 años, y Pina, a los 45, han conseguido dar a la danza un carácter de verdadera modernidad, actualizando lenguaje y modos para un fin de siglo caracterizado por la diversidad, repleto de adelantos desesperanza, y efervescencia creadora.

Pina Bausch no deja de fumar « enciende un cigarrillo tras otro mientras medita las palabras. El tono de su voz es muy bajo, apenas audible, y las frases le salen lentas, casi contadas. Este carácter reconcentrado y difícil contrasta con la expansiva agresividad de su producción artística o la imagen decadente y sofisticada que ofrecía en el personaje felliniano de E la nave va. "La acción debe salir con toda sinceridad, dice; "para ello hay que dejar que cada cual se exprese según sus motivaciones internas. Después viene una adecuación de aquel sentimiento a lo que se quiere hacer. Muchas veces no hay que retocar nada".

Pina Bausch prefiere trabajar directamente con bailarines, ya que abordan la expresión con más libertad que un actor, que tiene detrás todo un aprendizaje para conducirse en escena. "Prefiero que me pregunten cosas después de ver mis trabajos. Es necesario haberlo visto antes, pues cada vez para cada persona el efecto es diferente".Pina Bausch desecha el cartesianismo que ha fácultado a toda la danza contemporánea como comunicativa con su tiempo,- para entroncar -con el público por una vía que tiene mucho de irónica teatralidad multidisciplinaria.

"El trabajo de la,compañía es duro. No puede ser de otra manera. El entrenamiento clásico lo hacen profesores que vienen de Essen dos veces por semana, el resto del tiempo trabajamos en la creación de las piezas. Este es un trabajo largo, que supone que quienes participamos nos relacionamos en todos los campos".

La representación de imágenes extraídas de la cotidianidad, y reconvertidas en cuadros de anticlímax, arman un todo más que unitario, compacto, de una peligrosa densidad. "Café Muller no es exactamente una pieza autobiográfica; de hecho no lo es", dice Pina Bausch. "En cualquier caso, sería autobiográfica de todos los que han trabajado en ella".

Nazaret Panadero, actualmente único miembro español del Teatro-Danza de Wuppertal, encarna uno de los personajes de Café Muller: "Este personaje lo aprendí al entrar en la compañía, ya que Café Muller es anterior a mi llegada a Wuppertal. El trabajo de creación es largo; solamente después de mucho tiempo se consigue un producto serio y terminado".

En el ensayo, Pina Báusch se desplaza por el escenario envuelta en un viejo capote de marino que parece pesar mucho para sus afilados hombros. Apenas hace indicaciones a los bailarines, que saben lo que deben hacer.

"La acción debe salir con toda sinceridad, para ello hay que dejar que cada cual se exprese según sus motivaciones internas. Después viene una adecuación de aquel sentimiento a lo que se quiere hacer. Muchas veces no hay que reto carnada". Por esto, Pina Bausch prefiere trabajar directamente con bailarines, ya que abordan la expresión con mucha más libertad que un actor, por ejemplo, que tiene detrás todo un aprendizaje para estar en escena.

Al terminar la función, apenas saluda. Su cara denota un profundo cansancio a pesar dela brevedad de la representación. Con ese mismo gesto, casi ausente, vuelve a ponerse su largo abrigo y retorna el cigarrillo. Su potente, a la vez que discreta, presencia, ha dejado una estela dé silencio primero, y de aplauso cerrado después.

Pina Bausch es una fuerte pero difícil personalidad creadora. Su lenguaje es críptico pero asimilable por su fuerza y belleza, consiguiendo plenamente su propósito de no narrar sino mostrar un fresco doloroso donde se universalizan unos tipos a través de su figuración última, sin otra máscara ni otro discurso que dar salida a un costoso ejercicio de instrospección. La desesperanza de su estilo es comparable a la del cineasta Herzog o el escritor Walter Abis, todos de esa generación, no se sabe si perdida, a caballo entre la vieja y la nueva Alemania.

El grupo de Pina Bausch actuará en el Mercat de les flors, de Barcelona, a partir del 17 de noviembre, con 1980.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de octubre de 1985