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Entrevista:Telas para monumentos y espacios

Christo: "La gente no conoce mi nombre, pero conoce mis obras"

Tras 10 años de gestiones, el artista empaqueta el Pont Neuf, el puente más antiguo de París

El empaquetamiento con telas del Pont Neuf, el puente más antiguo de París, se concluye esta tarde, y a partir de mañana permanecerá expuesto durante 14 días. Carpinteros, alpinistas, hombres, ranas y técnicos de distintas categorías profesionales han trabajado en este proyecto diseñado por un artista original y controvertido: Christo, un búlgaro de origen, especialista en sortear todo tipo de obstáculos -técnicos y administrativos- para envolver con telas resistentes monumentos o espacios. En esta entrevista, completada con información sobre sus obras y proyectos, Christo habla de las motivaciones artísticas y personales que le inspiran.

La constancia es, sin duda alguna, una de las virtudes de Christo (Gbrovo, Bulgaria, 1935), pues han sido 10 años los que le han costado conseguir los permisos necesarios para realizar uno de sus proyectos más queridos: empaquetar el Pont-Neuf, el más antiguo de París.Hasta finales de junio pasado -tras muchos avatares, consecuencia de los intereses y manipulaciones políticas-, el último permiso, el del prefecto de la ciudad, parecía definitivamente imposible de conseguir. Para estas fechas, el artista había comprometido en el proyecto la cifra de casi dos millones de dólares (unos 340 millones de pesetas). Por fin, gracias a la intervención personal del presidente de la República Francesa, se dio luz verde al proyecto.

Pregunta. ¿Por qué el Pont Neuf y no la torre Eiffel, el Arco del Triunfo o Notre-Dame?

Respuesta. Todos mis proyectos los decido por razones puramente personales. Si no hubiera vivido en París entre 1957 y 1964 quizá éste no hubiera existido nunca. Lo elegí porque, además de ser una obra excepcional de arquitectura y urbanismo, el puente más antiguo (1578-1606) y hermoso, tuvo y tiene desde su origen un papel importante en la vida de la ciudad, siendo además un punto de encuentro de sus dos partes divididas por el Sena. Nunca se vio convertido en un objeto de arte en sí mismo, y yo decidí hacerlo.

Desde que empecé con mis proyectos in situ, en 1961, trabajo siempre espacios que ya han sido manipulados, organizados por el hombre. En esta organización yo introduzco un elemento provisional de perturbación. Una vez empaquetado, todos estos elementos arquitectónicos y urbanísticos son apropiados por la obra de arte. El empaquetamiento no desvirtúa su funcion. El Pont-Neuf empaquetado seguirá siendo un puente, por el que pasarán personas, coches y barcos, envuelto en la tela; con sus formas, que pone de relieve, y además eliminará algunos deterioros producidos por los años, la erosión, la contaminación, etcétera. La tela creará en algunas partes, por sus pliegues, volúmenes, y los contrastes de luz y sombras serán más visibles, por ejemplo, en los arcos. En París yo quería hacer algo sutil. No me veía introduciendo una forma arrogante, chocante, extraña en este espacio que ha crecido orgánicamente durante siglos. Hacer en este contexto algo agresivo me parecía fácil, trivial. Aunque la obra es muy compleja, en cuanto a su realización, lo que más me interesa es la forma en que se integrará en el resto de la ciudad. Por ello el color de la tela es similar al de la piedra de París. De lejos no parecerá empaquetado, sólo se verá al acercarse y por el movimiento de la tela.

P. Con frecuencia, cuando se habla de su trabajo, se trata fundamentalmente del precio, en dólares; de los miles de metros de tela, cables; de la proeza técnica que supone, etcétera. Pocas veces se analiza desde el punto de vista estético.

R. Es una cuestión interesante. Pero ocurre que aunque mis proyectos siempre tienen una dimensión pictórica -como, por ejemplo, el de ¿maumi?, donde la tela sobre el agua parecía una pintura abstracta, o escultórica, como el de Australia-, tienen también otra arquitectónica y urbanística que es fundamental. Conseguir el permiso para hacer el Pont-Neuf me ha costado prácticamente 10 años, casi como construir una autopista, lo que significa que la magnitud del proyecto es tal que no puede limitarse a una discusión de orden estético.

Lo que más me interesa es cómo se integra en la vida de la gente durante el tiempo que dura. De mi trabajo hay algo que me gusta mucho: gran cantidad de gente no conoce mi nombre en absoluto, pero conoce mis obras; al contrario de lo que ocurre con otros artistas que todo el mundo sabe cómo se llaman, pero no conocen, o muy vagamente, lo que han hecho. Creo que el impacto visual de mis obras es considerable. Son imágenes que quedan profundamente grabadas en la memoria, y esta imagen pasa necesariamente por la magnitud física de la tela, los cables y todo el resto.

P. Sus proyectos son siempre efímeros. ¿Es una idea que le interesa a nivel filosófico, viene dada por la misma dinámica de la obra o simplemente es una razón práctica?, pues resulta costosísimo y, por supuesto, aburridísímo ocuparse de su mantenimiento.

R. Como todos los artistas, no hago más que aquello que me interesa. Una de las características principales de mis proyectos es su radicalidad, una radicalidad que abarca muchos niveles -el económico, por ejemplo-, pues nadie puede comprarlo ni venderlo, apropiárselo de la manera que sea.

El proyecto está pensado y realizado para trastornar, desordenar y desplazar las ideas adquiridas sobre lo que es arte; al radicalizar la noción de objeto de arte, de perennidad, obliga a una revisión de la idea del arte en sí mismo. Pero además el material que empleo, la tela, tiene algo de nómada. Pienso que lafisicalidad del proyecto debe expresar la dimensión de su fragilidad, lo que hace también que la gente vaya urgentemente a verlo, porque saben que es frágil, perecedero, que puede pronto desaparecer.

Individualismo del artista

P. Usted ha rechazado el encargo de empaquetar la estatua de la Libertad con motivo del centenario; se niega a aceptar encargos. Sin embargo, muchos artistas los aceptaron sin menoscabo de su libertad y la calidad de la obra.

R. Creo que una de las cosas más importantes del arte del siglo XX es el individualismo. Todos los ismos han sido gritos del artista para conseguir ser él mismo. El arte hoy es practicado en un sistema que comprende desde la pequeña galería de vanguardia hasta el Ministerio de Cultura, becas, encargos, etcétera; es decir, este sistema comprende hoy uno o dos millones de personas en el mundo que han creado un club privadísimo, un espacio protegido donde funciona una serie de valores comunes.

Mis proyectos están siempre fuera de este club, tienen lugar en un espacio no preparado; por eso tienen también ese carácter de suicidio. Pero ocurre que una vez introducido este proyecto en su espacio no protegido desarrolla una fuerza imprevisible, irreglamentable, lo contrario de lo que ocurre en el interior del sistema del arte. Mis proyectos son como un desafío conmigo mismo que me impide protegerme en la seguridad, y además me obligan a una gran sinceridad también conmigo mismo, y no concibo otra forma de hacer arte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de septiembre de 1985