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Tribuna:

La contribución de Yugoslavia en la victoria sobre el fascismo

La participación de Yugoslavia en la victoria sobre el nazismo, que se ha celebrado el pasado 8 de mayo, es uno de los hechos más singulares y destacados de la II Guerra Mundial, según explica el autor de este artículo. La creación de un ejército partisano de grandes dimensiones, los acuerdos entre Tito y Stalin y el reconocimiento de la importancia del frente yugoslavo en la Conferencia de Teherán son los datos más importantes de esta singularidad yugoslava, que en muchos aspectos mantiene plena vigencia.

Para Yugoslavia, la II Guerra Mundial se inició el 6 de abril de 1941, al producirse un salvaje ataque de la aviación alemana sobre Belgrado, capital proclamada ciudad abierta, y la penetración de tropas alemanas, italianas, búlgaras y húngaras en su territorio. A partir de aquellos momentos hasta el final de la contienda, los yugoslavos influyeron con su lucha el desarrollo de la guerra en Europa y en el Mediterráneo.

Aunque el reino de Yugoslavia se vio derrotado pronto en la guerra de abril, que duró poco, las naciones yugoslavas no se conformaron con la ocupación y la fragmentación del país. El partido comunista, con Josip Broz Tito al frente, ya en su proclama del 15 de abril de 1941 llamaba al pueblo que prosiguiera con la lucha contra el invasor.

Aunque poco numeroso —con apenas unos 8.000 miembros unos 30.000 miembros de la Unión de la Juventud Comunista—, el partido comunista logró llevar cabo desde abril hasta junio de 1941 los preparativos para la resistencia armada.

La fuerza real del Partido Comunista de Yugoslavia era mucho mayor de lo que podría deducirse del número de sus miembros, pues con su política y actividad expresaba las aspiraciones libertadoras, la conciencia patriótica y la disposición antifascista y democrática del pueblo.

El ataque alemán sobre la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 trajo cambios sustanciales en la situación política internacional. La Unión Soviética asumió la principal carga de la guerra, creando con ello condiciones objetivas para desarrollar con éxito una lucha armada de liberación también en los demás países europeos oprimidos.

En julio y en agosto, en casi todas las regiones de Yugoslavia, se había iniciado la insurrección, inesperada para los invasores, que poco tiempo después se convertiría en guerra de liberación de todo el pueblo contra los invasores fascistas y los traidores nacionales, y que duraría sin interrupciones hasta la capitulación de la Alemania nazi en mayo de 1945.

A finales de 1941, las fuerzas antifascistas yugoslavas, conducidas por el comandante en jefe supremo, Josip Broz Tito, contaban con 80.000 combatientes, que obligaban al enemigo a mantener en el país seis divisiones alemanas, 16 italianas, cinco búlgaras y dos divisiones húngaras, así como fuerzas de los ejércitos colaboracionistas, con un total de más de medio millón de soldados.

Fueron creados extensos territorios liberados en Serbia, Bosnia, Croacia y Montenegro. Sobre el territorio liberado en Serbia vivían aproximadamente un millón de habitantes. Alemania se vio obligada a trasladar a Yugoslavia a finales de noviembre de 1941, precisamente cuando los combates eran más duros bajo Moscú, primero de Francia y luego también del frente oriental, una división de infantería más para poder ocupar de nuevo el territorio libre en Serbia; mas no logró destruir las fuerzas básicas partisanas.

La creación de brigadas partisanas comenzó en 1941 y más tarde, ya con unidades mayores, se fue desarrollando una organización militar del movimiento de liberación nacional cada vez más poderosa. Sus fuerzas armadas tenían a finales de 1942 unos 150.000 combatientes, organizados en cuerpos de ejército, divisiones, brigadas y destacamentos partisanos. Por ello, hubo que comprometer en Yugoslavia a más de 30 divisiones invasoras al lado de unos 250.000 soldados quislings (del eje); así, en Yugoslavia había más fuerzas militares italianas que en el frente de El Alamein, en África del Norte. A finales de noviembre y a comienzos de diciembre de 1942, en la parte central de Yugoslavia, las unidades partisanas mantenían bajo su control un territorio libre de mayor extensión que Bélgica.

El escenario de la guerra

En 1943, el teatro de guerra yugoslavo adquiere aún mayor importancia. Figura en todos los planes y en todas las deliberaciones de las potencias del Eje. Sin recibir ninguna clase de ayuda por parte de los aliados, el Ejército de Tito logró dos victorias importantes, derrotando al enemigo en las batallas del Veretva y del Sutjeska. Citemos un dato numérico para que el lector se forme una idea de la magnitud de aquellas batallas: en la primera, el enemigo empleó a 127.000 soldados, 40.000 más que en la batalla de El Alamein. Lo cual es una prueba de la importancia que el enemigo atribuía al rol creciente del Ejército popular de Yugoslavia, del cual decían que "equivalía a un ejército aliado desembarcando en Europa".

Desde el otoño de 1943 comienza una coordinación más directa con las acciones aliadas en el Mediterráneo. Después de la capitulación de Italia, las unidades del Ejército de Liberación Nacional de Yugoslavia desarmaron a las divisiones italianas.

En otoño de 1943, el Ejército de Liberación Nacional tenía unos 300.000 hombres, organizados en 27 divisiones, o sea, cuerpos de ejército, y un número mayor de brigadas y destacamentos partisanos, y controlaba más de la mitad del territorio yugoslavo.

Precisamente por los éxitos de la lucha de liberación, en la conferencia de Teherán (de 28 de noviembre hasta el 1 de diciembre de 1943), los líderes de la coalición antifascista, Churchill, Stalin y Roosevelt, tomaron la decisión de ayudar a los partisanos yugoslavos "en la mayor medida posible en el abastecimiento material y en las operaciones de comandos". Con ello, el Ejército de Liberación Nacional de Yugoslavia, en realidad, fue reconocido como participante en pie de igualdad en la lucha de la coalición antihitleriana contra las fuerzas fascistas.

Hasta junio de 1944, en que se produce el desembarco aliado en Normandía, los yugoslavos mantenían el único segundo frente en Europa en el cual el enemigo se veía forzado a mantener a 712.000 soldados.

Acuerdo entre Tito y Stalin

La participación de las unidades soviéticas en las operaciones militares libradas en Yugoslavia, entre las cuales la más importante fue la batalla de Belgrado (octubre de 1944), fue el resultado de un acuerdo entre 'rito y Stalin, con ocasión del primer encuentro que tuvieron en Moscú en septiembre de 1944. En el comunicado oficial relativo a aquellas conversaciones se puntualizó que el Gobierno soviético solicitó al Comité Nacional de Liberación de Yugoslavia y al Estado Mayor Supremo del Ejército Popular de Liberación y destacamentos guerrilleros de Yugoslavia la autorización para que el Ejército Popular de Liberación se instalase en el noreste del país.

En el comunicado se decía también que, una vez concluidas las operaciones, el Ejército rojo iba a retirarse del país.

Eso tuvo una importancia enorme para la lucha ulterior del Ejército de Liberación Nacional de Yugoslavia por la liberación final de las partes restantes, occidentales y centrales, del país. Hasta finales de 1944, liberó las partes restantes de Serbia, Macedonia, Montenegro y Dalmacia y una mayor parte de Bosnia y Herzegovina, estableciendo la línea del frente desde el Drava hasta el Adriático, vinculando el frente del Ejército rojo en Hungría con el frente aliado en Italia y asumiendo a su cargo, de esa manera, en la etapa final de la II Guerra Mundial, una parte del frente estratégico. Hasta el final de la guerra, que se prolongó en Yugoslavia hasta el 15 de mayo, el Ejército yugoslavo creció a más de 800.000 combatientes. Era el cuarto ejército de la coalición antihitleriana (URSS, 7.109.000 soldados; Estados Unidos, 3.065.505 soldados; Reino Unido, 890.000 soldados).

En la lucha de cuatro años por su liberación, que animaba e inspiraba a los miembros de los movimientos de resistencia también en otros países ocupados y ayudaba directa y particularmente a los antifascistas de los países vecinos, las naciones yugoslavas tuvieron enormes pérdidas —perdieron la vida 1.706.000 personas, es decir, uno de cada 10 habitantes, en su mayor parte debido a las feroces matanzas fascistas de la población (las máximas pérdidas humanas después de la Unión Soviética y Polonia). La guerra de liberación nacional en Yugoslavia representó un fenómeno singular en la II Guerra Mundial. Las fuerzas yugoslavas no eran un movimiento de resistencia que obra de acuerdo a las ideas e instrucciones de mandos aliados, sino un ejército del pueblo creado en la lucha por la libertad y la independencia.

Desde el inicio mismo de la insurrección armada, el poder popular revolucionario tenía como su base política más amplia la organización del frente popular y también las organizaciones antifascistas de las masas de la juventud y de las mujeres. Con las decisiones de la segunda sesión del Consejo Antifascista de Liberación Nacional de Yugoslavia el 29 de noviembre de 1943, en la ciudad de Jajce, cuando el territorio libre montaba a unos 130.000 kilómetros cuadrados, con unos cinco millones de habitantes, Yugoslavia se convirtió en Estado de los comités de liberación nacional como organismo de la autogestión democrática del pueblo. El Comité Nacional de Liberación de Yugoslavia obtuvo los rasgos de un Gobierno provisional, se sentaron los cimientos sobre los cuales habría de constituirse el nuevo Estado yugoslavo federativo, que después de la libe ración del país sería proclamado república, el 29 de noviembre de 1945.

Stanislav Stojanovjc es doctor en Derecho, profesor de Universidad y actualmente secretario ejecutivo de Cooperación Internacional en la Presidencia del Comité Central de la Liga de los Comunistas Yugoslavos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de mayo de 1985