Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Las causas de una derrota

LOS MINEROS británicos han vuelto ayer al trabajo después de una huelga que ha durado un año; ha sido el conficto social más largo en la historia del movimiento obrero en las islas Británicas y, sin duda, uno de los más prolongados y combativos desde hace muchos años en Europa. En muchos miles de hogares de trabajadores, en aldeas enteras, ha representado un cúmulo de sacrificios difíciles de imaginar. La utilización de la policía contra los piquetes mineros ha alcanzado unas proporciones que no se habían conocido desde 1926. Miles de mineros han sido arrestados; muchos han sido heridos en enfrentamientos; ha habido dos muertos. Precisamente porque la huelga ha puesto de relieve una combatividad extraordinaria de decenas de miles de mineros, es imprescindible examinar las causas por las cuales un año de resistencia, con tantos esfuerzos, ha desembocado en un fracaso completo, en un retorno al trabajo sin siquiera una garantía de readmisión de los 700 mineros despedidos a lo largo de la huelga.No cabe duda de que determinadas condiciones económicas han facilitado la intransigencia de la empresa estatal del carbón, dirigida por un hombre particularmente duro, y, en último extremo, del Gobierno Thatcher. Para la economía británica, la huelga ha sido muy costosa, pero no ha habido paralización de ningún sector vital; el carbón, sobre todo en la producción eléctrica, ha sido sustituido ampliamente por el fuel. Por otra parte, desde su inicio, la huelga no fue total; en la región de Nottinghamshire, en particular, los mineros se pronunciaron contra la huelga y no la apoyaron. Pero no sería válida una explicación limitada a estos factores parciales. En realidad, la causa esencial del fracaso estriba en que se ha tratado de una huelga defensiva, de estilo antiguo, que no ha sabido ligar sus objetivos con los problemas sentidos por los más amplios sectores de los trabajadores británicos. Por eso ha quedado aislada, o se ha aislado a sí misma, en defensa de situaciones legítimas en el orden social, pero cuya razón de ser no aparecía clara ni convincente para una gran parte de la sociedad. Un ejemplo muy distinto fue el de la huelga metalúrgica en Alemania Occidental. Los mineros británicos han defendido, sin más, unos puestos de trabajo. Con el mismo objetivo general de superar el desempleo, los metalúrgicos alemanes pedían la reducción de la jornada de trabajo, con lo que postulaban un cambio de otro tipo, con una perspectiva de futuro, y su lucha tuvo un impactoy un eco muy fuertes.

La huelga minera ha tenido asimismo una dimensión política: desde su llegada al poder, un objetivo central de Margaret Thatcher ha sido destruir o debilitar al máximo la influencia que los sindicatos han ejercido desde hace muchos años en la vida económica y social del Reino Unido. Por otro lado, sobre todo cuando las condiciones de la resistencia minera se hicieron más duras y se inició un proceso lento de retorno al trabajo, Scargill, al frente del sindicato minero, apoyado por la izquierda laborista radical, con el antiguo ministro Tony Benn, ha pretendido sobre todo repetir la lucha victoriosa que permitió a los mineros en 1977 derribar el Gobierno conservador de Heath. Scargill intentaba, pues, imponer al propio movimiento laborista una táctica frontal de ataque al thatcherismo. Había en esa táctica un exceso de referencia a la historia, incluso a cierta mitología histórica, y una insuficiencia de análisis de las condiciones actuales. Se puede considerar, por tanto, que, sobre todo en la última etapa, se han enfrentado dos extremismos. Pero el de Margaret Thatcher tenía detrás todo el aparato del Estado; y Seargill no ha sido capaz de interpretar las demandas sociales de las capas populares del Reino Unido.

La táctica y la estrategia seguidas por la primera ministra y el líder sindical se inscriben más bien en los anales de las relaciones laborales del pasado siglo, y no son precisamente un episodio del que nadie pueda sentirse orgulloso. El conflicto generado en esta huelga de mineros británicos no parece que esclarezca mucho el panorama futuro de las relaciones laborales de finales del siglo XX Sólo los mal nacidos pueden festejar este conflicto social.

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