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Crítica:TEATRO /

Otra versión

Woyzeck es una obra escrita hace siglo y medio. Su autor, Georg Büchner, vivió 24 años (1813-1837), y con ellos fue revolucionario, exiliado, desencantado, profesor y escritor. Woyzeck fue descifrada y publicada 40 años después de la muerte del autor, estrenada casi un siglo después de haber sido escrita, convertida en ópera (Alban Berg, 1925) y finalmente se ha convertido en un lugar común de todos los grupos de vanguardia y banco de ensayo de directores.Apareció Woyzeck como obra inconclusa, lo que permite la fiebre de nuestro tiempo, la de la lectura; permite variaciones. Cualquiera que frecuente el teatro habrá visto, sobre todo en festivales, un buen número de versiones de Woyzeck.

Woyzeck

Autor: Georg Büchner. Versión de Eusebio Lázaro. Intérpretes: Eusebio Lázaro, Paco Plaza, Marina Saura, Jorge Viroga, Eva del Palacio, Carlos Manuel Díaz, José Luis Sanjuán, Manuel de Blas, Eduardo McGregor, Miguel Gallardo, Mauro Muñiz. Escenografía: Antonio Saura. Dirección: Eusebio Lázaro. Estreno: Martín. Madrid, 28 de febrero.

Adelantada a su tiempo por la construcción -escenas, o secuencias-, por el pensamiento y por el lenguaje, tenía para el nuestro una herencia importante: la del antihéroe. El soldado Woyzeck, simple, analfabeto, sencillo y bueno, aprisionado por la sociedad, engañado y zarandeado, conducido al crimen y a su propia muerte: un hombre de nuestro tiempo.

La versión de Eusebio Lázaro elige el camino de la tristeza, la lentitud y la trascendencia. Introduce algunos elementos poéticos y líricos, reduce la ironía, como también convierte (no sé si por voluntad propia o por resultado de la interpretación y di la espectacularidad) los personajes que- en el original representaban arquetipos de ideas circulantes en su tiempo contra las que Büchner se había revelado, en conjunto, o friso.

Romanticismo y naturalismo

En todo ello hay una pérdida, una reducción de elementos grotescamente subrayados -el médico, el capitán-; en cambio, el personaje del soldado -que representa él mismo cambia su carácter pasivo habitual -recipiendario, objeto, hombre manipulado- por un cierto protagonismo, y esto parece otra pérdida. Su interpretación va más, por el gesto y la actitud, hacia la tragedia romántica. Marina Saura, en cambio, conserva el naturalismo que parece que fue la clave con la que Büchner quiso transformar el teatro de su tiempo. El ritmo está cargado de plomo.Antonio Saura ha realizado un decorado simple y sobrecogedor en su belleza, que añade misterio y también trascendencia a la versión. Aparece la taquigrafía pictórica que le es propia, bien iluminada por José Luis Tutor. La figura fantástica es de gran belleza, como la mayor parte del vestuario: el material de los uniformes, en cambio, da un exceso de rigidez y perjudica la interpretación corporal. En la acogida correcta del público apareció alguna muestra aislada de inconformismo. Cada uno tiene su Woyzeck dentro, y puede diferir del que ha realizado Lázaro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de marzo de 1985

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