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Los obispos vascos acusan a las organizaciones terroristas de traficar con droga para costear su armamento

Los obispos de las diócesis de Pamplona-Tudela, Bilbao, San Sebastián y Vitoria, en una carta pastoral conjunta sobre El oscuro mundo de la droga juvenil, denuncian que el tráfico de la droga ha sido uno de los medios utilizados por los grupos terroristas, incluso en el País Vasco (aunque no se cita expresamente a ETA en el documento), para costearse en algunas ocasiones sus propias amas, y que agentes del orden público suministran drogas a delincuentes para obtener información. En esta pastoral presentada ayer en Pamplona, los obispos resaltan también poderosos intereses en juego tras un tráfico que ha hecho que más de 12.000 personas sean adictas a la heroína y unas 165.000 al hachís en las comunidades autónomas vasca y navarra.

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Los prelados de las diócesis de Pamplona-Tudela, José María Cirarda; Bilbao, Luis María Larrea; auxiliar de Bilbao, Juan María Uriarte; San Sebastián, José María Setién, y Vitoria, José María Larrauri, afirman que existe un paralelismo entre el tráfico de la droga y el de las armas."El tráfico de la droga", afirman, "ha sido uno de los medios utilizados por diversos movimientos terroristas para costearse sus propias armas. Tenemos motivos fundados para sospechar que este mismo procedimiento ha sido utilizado, al menos en algunas ocasiones, en nuestra propia tierra". Añaden además que "es voz común que en casos puntuales, pero no excepcionales, algunos agentes del orden público se han propasado en el ejercicio de sus funciones al suministrar a determinados delincuentes dosis de droga para obtener a cambio la información requerida para sus pesquisas".

La crisis económica, con su alta tasa de desempleo juvenil, las deficiencias de equipamiento deportivo y sanitario, el fenómeno terrorista, "que ha concentrado la atención de la sociedad y de las mismas fuerzas del orden", el caos urbanístico de muchos barrios infradotados en los que viven hacinados miles y miles de seres humanos, han hecho posible, a juicio de los obispos vascos, que la erupción de la droga prendiera en la juventud.

El País Vasco y Navarra son hoy, en opinión de estos prelados, unos de los lugares de máxima extensión del número de drogadictos, no sólo en comparación con otros pueblos de España sino con otras naciones de toda Europa. En este sentido señalan que existen unos 11.000 heroinómanos en la comunidad autónoma vasca y cerca de 1.000 en la navarra. Igualmente resaltan que la adicción a la cocaína es cada vez más preocupante. Según estimaciones de expertos, su consumo está llamado a crecer espectacularmente en esta zona en un futuro próximo.

Altos ejecutivos

Los prelados subrayan en su carta pastoral que el tráfico de drogas no está sustentado únicamente en los profesionales de la delincuencia. "En él", afirman, "están implicados empresas y altos ejecutivos más allá de toda sospecha. Ellos ponen, a cambio de altas compensaciones económicas, sus propias redes de comunicación y de transporte al servicio de los grandes traficantes".Los "países civilizados" son, según los obispos, "quienes se benefician principalmente de este negocio" y a quienes "interesa mantener zonas de producción alejadas de su propio suelo". "El reparto del mundo en dos zonas de influencia política de signo opuesto impulsa a veces a las grandes potencias a promover o, al menos, sostener en los países productores de estas substancias, gobiernos inestables que favorezcan o toleren más facilmente la producción y el tráfico de droga", agregan los obispos.

Una atención policial más cuidada y concertada con otras policías a los medios de transporte continental e intercontinental podría, en su opinión, llegar hasta eslabones más altos de la cadena del tráfico de estupefacientes. Para los obispos resulta sintomático que sólo el 10% de las drogas que circulan por el mundo desarrollado sean decomisadas por la autoridad pública. "Tan escaso porcentaje sólo se explica desde la clave de un cierto grado de complicidad, de connivencia o de tolerancia", comentan.

"Esta sociedad", añade la pastoral de los obispos vascos, "necesita que los Gobiernos de ambas autonomías multipliquen los centros especializados para la acogida, rehabilitación y la reinserción social de los drogadictos". Piden, también, apoyo jurídico para las asociaciones que luchan contra la drogadicción.

En su opinión, es asimismo importante que la Cámara legislativa del Estado reformule con mayor nitidez algunos pasajes imprecisos de la normativa legal vigente, a fin de que los jueces puedan interpretarlos de manera ajustada e inequívoca. Sería igualmente conveniente que, como sucede en algunos países, se instrumentaran determinadas normativas de carácter económico que facilitaran la aprehensión y la detención del tráfico de la droga, a juicio de los obispos. Concluyen afirmando que "nuestras iglesias locales no pueden permanecer indiferentes ni inactivas ante un hecho social de tal envergadura".

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