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El poso de una clase excepcional

Victoria de los Ángeles es 40 años de historia del mejor canto, es para San Sebastián el recuerdo de jornadas memorables y es, sigue siendo hoy, una artista cuya clase excepcional depara, momentos irrepetibles en sus actuaciones.No llegué a escuchar lo que varios profesionales de la música coincidieron en señalar como una de las perlas del recital: el lied de Schubert Litanei, que conmovió al abarrotado teatro donostiarra, pero sí a disfrutar de la nobleza frasística con que Victoria desgranó los lieder de Schumann y Brahms, acompañada por Graham Johnson, que mostró mayor calidad insterpretativa en los romántícos que luego, en la segunda parte, con el piano inmaterial del compositor Fredéric Mompou.

Quincena Musical de San Sebastián

Obras de Scarlatti, Vergolesi, Haendel, Schubert, Schumann, Brahms, Fauré, Mompou, Nicolau, Montsalvatge y Obradors. Victoria de los Ángeles, soprano, y Grahan Johnson (piano). Teatro Victoria Eugenia, 24 de agosto de 1984.

Esta segunda parte se inició con tres canciones de Fauré, de ese repertorio francés en el que Victoria de los Ángeles ha dado tantas veces con el máximo punto de exquisitez cantable, dicción y purísimo timbre, para seguir con el repertorio español, que tuvo su gota inferior en Mompou, y la superior, en el Punto de habanera y la Canción de cuna para dormir a un negrito, de Xavier Montsalvatge, cantada con exacta expresividad.

Victoria de los Ángeles es, además de haber sido. Y si la disminución natural de los medios la hemos de asumir todos, como inteligentemente lo hace ella, también es verdad que el milagro se sigue produciendo de cuando en cuando, como sucedió al acabar el triunfo del recital con la propina: las seguidillas de Carmen, dominadas de punta. a cabo con calidad hasta en el registro grave e impresionante capacidad para dotar a la página de gracia e intencionalidad expresivas inigualables.

Victoria de los Ángeles, rodeada de aplausos, piropos y cariño, protagonizó una gran jornada de la Quincena Musical de San Sebastián.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de agosto de 1984