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Fallece el clavecinista y musicólogo Ralph Kirpatrick, investigador de la vida y obra de Scarlatti

El clavecinista y musicólogo norteamericano Ralph Kirpatrick, conocido por haber establecido un exhaustivo catálogo de las obras de Domenico Scarlatti, ha muerto en Connecticut, a los 73 años de edad. Kripatrick, que estudió música en Harvard y perfeccionó estudios en Europa, con Nadia Boulanger y Wanda Landowska, debutó como concertista en 1930. A partir de 1940 impartió clases en la Universidad de Yale y comenzó a establecer el catálogo de las obras de Scarlatti, su compositor favorito.

Con la muerte de Ralph Kirpatrick (Leominster, Massachusetts, 1911), desaparece uno de los grandes clavecinistas de nuestro tiempo y el más importante investigador de la vida y obra de Domenico Scarlatti. Para entender el peso y la seriedad de los criterios interpretativos y musicológicos de Kirpatrick es necesario aludir a sus raíces: después de su honda formación en Harvard, estudia en Europa, con Nadia Boulanger y Wanda Landowska en Francia; con Heinz Tiessen -el maestro de Celibidache- en Berlín, y con Arnold Dolmetsch en Haslemere, Reino Unido.La polaca Wanda Landowska (1879-1959) recoge la sugerencia de Louis Diemer, que, a principios de siglo, ofreció todo un recital Cooperin en un moderno clave construido por la casa Pleyel y proyectado por Gustav Lyon. La resistencia del público y la crítica fue grande y se blandió un argumento: todo cuanto idearon los autores del pasado sonaba hoy en el gran piano de cola más rico y variado de posibilidades sonoras y expresivas.

A parlir de la carrera-misión de Wanda Landowska se abre paso la recuperación de los sonidos pretéritos para la música de ayer e incluso se inicia un largo camino contemporáneo para el viejo clavecín: lo abre Manuel de Falla y lo continúan Poulenc, Milhaud, Frank Martin, Bohuslav Martinu, Roger Vuataz, Goffredo Petrassi, Mauricio Ohana, Cristóbal Halffter y tantos otros.

Se había caído en la cuenta de que el clavicémbalo no sólo era un antecesor del piano moderno, sino, también, un instrumento radicalmente diferente. Sólo a través de sus sonidos agridulces podía penetrarse en el santuario de los Bach, los Haendel, los Frescobaldi, los Galuppi, los Marcello o los Scarlatti.

Viaje a España

Wanda Landowska, desde su retiro activo de Saint-Leu-le-Foret, en el que se instala a partir de 1925, difunde y enseña su religión a una pléyade de discípulo que han continuado y ampliado la herencia recibida. Entre ellos están Ruggiero Gerlin, Rafael Puyana, Isabelle Nef, Airnée van der Wiele o Ralph Kirpatrick.Dos nombres cifran la personalidad y absorben la atención de Kirpatrick: Juan Sebastián Bach y Domenico Scarlatti. Del napolitano madrileñizado (llegó afirmarse Domingo) hizo Kirpatrick el estudio y la edición más seria que se conoce hasta la fecha. Después de amplios estudios historiográficos, realiza una serie de viajes a través de Italia, Portugal, Reino Unido y España, con especiales residencias en Madrid, ciudad donde murió Scarlatti después de haber vivide, en ella gran parte de su existencia. Entró en contactos Kirpatrick con centros y archivos oficiales y particulares, trabó amistad con investigadores o herederos de ciertas casas palaciegas que tuvieron relación con el músico napolitano y cultivó a sus descendientes: Julio Scarlatti, Rosa y Luis Rayo.

En tanto ordena el catálogo scarlattiano, Kirpatrick traza su magnífico estudio, cuya primera edición aparece en Estados Unidos el arlo 1953 y a la que han seguido siete ediciones y traducciones corregidas y puestas al día por el autor. Decía Falla que España podía considerar como, suyo a Scarlatti, tanto por lo menos como a otro gran Domenico: el Greco. La afirmación es tan cierta que la sombra scarlattiana se alarga en la música española.

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