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Crítica:CINE

Un 'Pijoaparte' demasiado educado

Sobre el cómo debe adaptarse una novela cuando se quiere llevar al cine hay abundante literatura, no siempre demasiado razonable en sus exigencias de fidelidad estricta o en su defensa apasionada del derecho a hacer lo que se quiera, tomando la novela no como pre-texto sino como pretexto, es decir, como un título cuya fama o prestigio servirá para un buen lanzamiento comercial.Gonzalo Herralde ha optado por ser fiel a la letra de la novela de Juan Marsé, pero sin que ello signifique, renunciar a una lectura personal. Dejemos a un lado la supresión del epílogo, que sobre el papel puede explicarse fácilmente, y nos encontraremos con que los hechos que se narran, en el libro y en la película son casi los mismos y están ordenados de igual manera. El tiempo de la ficción sí es distinto, pero eso no cambia nada.

Últimas tardes con Teresa

Director: Gonzalo Herralde. Intérpretes: Maribel Martín, Ángel Alcázar, Patricia Adriani, Alberto Closas, Cristina Marsillach, Mónica Randall, José Bódalo, Juanjo Puigcorber, Charo López, Marta Molins. Guión: G. Herralde, Juan Marsé y Ramón de España, basándose en la novela homónima de J. Marsé. Fotografía: Femando Arribas. Música: F. Arribas. Local de estreno: Cine Avenida

Lo que sí supone que Las últimas tardes de Gonzalo Herralde transcurran de una manera distinta de las de Juan Marsé es la supresión de la ironía. El tono del relato es otro; su sentido, también; y sus centros de interés se desplazan del equívoco novelesco al romance del filme.

Tratamiento de Teresa

Para Gonzalo Herralde es más importante que Teresa se enamore realmente del Pijoaparte que no que lo esté de un obrero mitificado; para el cineasta, él, Manolo, no es un buscador de braguetazos salvadores.Los personajes del director Gonzalo Herralde son más de una pieza y más víctimas del entorno social que los de Juan Marsé, que los hace más dubitativos, con intereses inconscientes o poco nobles, ya sea el trauma de una virginidad no deseada o el deseo de progresar en la escala social forzando un matrimonio.

La película Últimas tardes con Teresa trata a Teresa mucho mejor -pero queda menos fascinante y atractiva- que la novela, y hace del charnego Manolo un buen chico.

La opción, como cualquier otra, es legítima, como legítimo es creer que no es la mejor, sobre todo porque la historia en imágenes, privada del humor y la ambigüedad, pierde pasión, se esquematiza, diluyéndose sus ribetes folletinescos en aras de la verosimilitud y la objetividad expositiva.

Los intérpretes de Últimas tardes con Teresa se mueven en función de la lectura que Herralde ha hecho de las desventuras del Pijoaparte, y su trabajo hay que valorarlo desde esta óptica. Maribel Martín y Ángel Alcázar, son unos protagonistas excelentes, aunque sean Patricia Adriani, con su misterio, y Cristina Marsillach, con su vitalidad, quienes más vida insuflan a sus personajes.

Todos los actores de la película que dirige Gonzalo Herralde están bien arropados por una ambientación cuidada y por una fotografía magnífica, configurando un producto digno, bien diseñado, al que, en realidad, lo que hay que reprocharle es que no dé satisfacción a la idea que cada uno de los lectores de la novela se había fabricado de la Barcelona mítica creada por el novelista Juan Marsé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 1984

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