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Encarnizadas batallas en Trípoli entre comunistas y fundamentalistas

ENVIADO ESPECIALUna batalla generalizada tuvo lugar ayer en la ciudad libanesa de Trípoli, pero no -como se esperaba- entre los partidarios del líder palestino Yasir Arafat y el Ejército sirio que les sitia, sino entre musulmanes fundamentalistas libaneses y militantes del Partido Comunista de Líbano (PCL, prosoviético), con un saldo provisional de más de 70 muertos y 150 heridos, según fuentes policiales.

Por tercer día consecutivo, pero con mayor ímpetu que el martes o el miércoles, los milicianos del Movimiento para la Unifitación del Islam intentaron- apoderarse de Trípoli -segunda ciudad de Líbano, con más de 400.000 habitantes-, eliminando cualquier presencia' armada laica, empezando por la del PCL.

Más de 2.000 milicianos musulmanes sunitas atacaron con metralletas, lanzagranadas y hasta cafiones las posiciones comunistas en los diversos barrios de la ciudad norteíla, que acabaron conquistando tras luchar frecuentemente cuerpo a cuerpo con sus adversarios.

Si optaban por rendirse, como ocurrió en la sede del PCL en el barrio de Mina, los militantes comunistas eran ejecutados con armas blancas, no sin antes haber sido expeditivamente juzgados por los milicianos islámicos que encabeza el jeque Saeed Shaaban. Ante la ferocidad y la amplitud de los enfrentamientos, que abarcaron a todos los barrios de la ciudad, provocando numerosos incendios, la milicia de otro partido laico, el Partido Nacional Sirio (libanés, prosirio), entró también en -combate para intentar frenar el avance de los elementos fundamentalistas, cuyo objetivo no proclamado es la creación de un cantón musulmán sunita en Trípolí, como ya existen otros: crístiano y druso, en el centro y este del país o chiita, en la periferia, sur de Beirut.

Aunque ni el Ejército sírio, masivamente concentrado en los alrededores de la ciudad, ni los palestinos fieles a Arafat, reagrupados en el campamento de refugiados de Badaui, a cuatro kilómetros al norte de Trípoli, han participado en los combates, algunos observadores no descartan que Damasco aproveche la situación caótica de la región para alentar a los palestinos rebeldes a pasar al ataque contra los leales.

Una aplastante victoria del movimiento islámico, con el que Arafat mantiene óptimas relaciones, sobre los comunistas -aliados de Siria- aliviaría algo la situación del máximo dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), cercado en Badaui por 12.000 soldados del Ejército sirio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de octubre de 1983

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