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Crítica:TEATRO

Para las señoras

La acción se desarrolla en torno a un personaje imaginario: un autor de teatro. Las comedias de importación, sobre todo cuando son ligeras y costumbristas, se despegan siempre de nuestros campos de referencia, aunque el adaptador, como lo ha hecho en este caso el experto Arteche, las aproxime o las dote de un lenguaje teatral fluido.Un autor de teatro neoyorquino, una esposa, una colaboradora y un periodista son los cuatro elementos de un nudo sentimental-sexual no demasiado profundizado, más largo de lo debido y donde, en realidad, apenas pasa nada. Pierde su interés desde el principio, no lo recupera nunca, y se defiende por la interpretación, o por un género de interpretación concorde con la ligereza del tema.

La chica del asiento de atrás, de Bernard Slade

Versión de Juan José de Arleche. Intérpretes: Arturo Fernández, Trini Alonso, Victoria Vera, Paula Martel, Javier Viñas, Carmen Carrión. Decorado de Fernando Viñas. Dirección: Arturo Fernández. Estreno, teatro Infanta lsabel, 29 de septiembre de 1983.

Al espectador se le proponen inverosimilitudes y absurdos, y es una regla antigua del teatro que los acepte a cambio de situaciones, chistes y personajes característicos.

Y de un decorado de los llamados elegantes -éste, de Fernando Viñas, está en la línea también del género- y de elegantes modelos de alta costura: a cada aparición de uno de estos trajes se oían en el teatro los disparadores de las cámaras fotográficas. Se decía antes que éste era un teatro para señoras con una evidente diferenciación del sentido estético y de la intrascendencia que se atribuía a estas damas.

El desnudo de espaldas

Toda la obra de Bernard Slade está hecha para estas señoras, incluyendo el desnudo de espaldas de Arturo Fernández -buena silueta- y su personaje entre tierno y duro, egoísta y sentimental, como para maternizarle. Hace juego con la composición de Victoria ,Vera en el primer acto: una jovencita estrafalaria. Tiene sentido de la comicidad. Cuando se convierte en seria, sentimental y reposada le falta consistencia.Los demás tienen los desagradecidos papeles necesarios para nutrir a esa pareja central. No siendo señora, y precisamente de esa línea, se corre el riesgo de aburrirse profundamente y de desinteresarse por la suave peripecia.

El teatro va volviendo a hacerse para públicos que podríamos llamar especializados, y eso quizá no sea malo. La chica del asiento de atrás puede satisfacer al suyo, que probablemente existe.

El estreno tuvo el éxito habitual en una sala repleta de rostros de los que se ven en las revistas llamadas de peluquería y en algunas otras también: Barrionuevo, Tierno... Lo que se llama el todo Madrid. Expresión también antigua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de octubre de 1983

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