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Tribuna:La militarización del Atlántico sur/ y 3

Clima de expectación en Londres ante los cambios políticos en Argentina en reIación a las Malvinas

A los diplomáticos y militares británicos les cuesta mucho reconocer que la guerra de las Malvinas fue, si no el principal, uno de los más importantes factores para la victoria electoral de Margaret Thatcher en las últimas elecciones. Quizá por ello buscan ahora crear un clima de expectativa frente a las actitudes del próximo Gobierno argentino, tras los cambios políticos que se avecinan. Una expectativa que no se podría calificar exactamente de optimista. El Foreign Office y el Ministerio de Defensa están ocupados por dos personas, Geoffrey Howe y Michel Heseltine, que son intérpretes fieles de los deseos de Thatcher. Ambos basan sus acciones teniendo en cuenta las Malvinas y la inestabilidad argentina. Un enviado especial de EL PAIS ha visitado recientemente las Malvinas y el Reino Unido.

Los británicos reconocen que habrá un Gobierno civil y democrático en Argentina, pero añaden inmediatamente: ¿Hasta cuándo? Lo mismo se pregunta América Latina, que ve el próximo Gobierno argentino como una posibilidad concreta de que las Malvinas no se conviertan un foco permanente de tensión y de militarización del área. Uno de los países más molestos piara la presencia militar británica en el Atlántico sur es Brasil" que defiende intransigentemente que se eviten los conflictos militares en ese área y que se impida a cualquier precio que aparezca el conflicto Este-Oeste junto con una carrera armamentista.El Grobierno británico no cree en un nuevo ataque contra las islas, si bien los militares que están en las Malvinas hablan frecuente mente de que el problema es que los aviones argentinos pueden llegar en 40 minutos, como dice, preocupado, el capitán del Broad words, Robert McQueen. La fuerza inglesa es defensiva, no de ata que, afirma el comandante militar del aeropuerto de Port Stanley. Defensiva o no, aproximadamente el 30% de la Task Force moviliza da para la guerra sigue en las Malvinas, y en todos los puntos donde hay presencia militar se nota que la tendencia es que crezca.

Militares y civiles

Un teniente en Goose Green, mirando los destrozos argentinos dentro de una trinchera, comentó que las Malvinas son hoy una locura. "¿Se puede pensar en 5.000 militares y 1.800 habitantes viviendo juntos en unas islas todo el tiempo? Es pura locura". Los soldados ingleses no permanecen más que cuatro meses en las Malvinas y son alimentados y pagados muy bien. Es una manera, reconoce un oficial, de mantener la tropa con buen espíritu, porque la vida es muy difícil en este sitio. Eso representa que tres veces al año los ingleses tienen que relevar sus tropas en las Malvinas. Los comandos pueden llegar a quedarse hasta siete u ocho meses y los oficiales se consideran en misión profesional de sacrificio.

Un oficial que no quiso identificarse aclaró que su estancia en las Malvinas, en el cuartel general, le supone lo mismo que estar en Belice o en Hong Kong. "Soy un profesional y éste es mi trabajo", afirma. Los kelpers, habitantes de las islas, ahora se consideran ciudadanos británicos de primera clase Pero hay un poco de resentimiento. Primero, con los argentinos, que llegaron como triunfadores. Ahora, con los militares británicos. Hay una buena relación, pero miran con una punta de envidia las facilidades de que disponen los militares. En el almacén militar, donde, sólo pueden entrar los militares, los precios son más bajos y hay buenos productos. En las instalaciones militares hay televisión y vídeo y, la Prensa inglesa llega sólo cuatro días después de la fecha de publicación. Los videocasetes guardan siempre alguna haza fía inglesa militar, como las operaciones de los aviones en el aire para repostar, que se exhibe a los visitantes con orgullo.

Como profesionales, la mayoría de los militares ingleses no se queja de los sueldos. Únicamente un oficial, más exactamente un piloto de un avión Hércules, el primer teniente Roger Ederibrow, se quejó de que estaban teniendo mucho trabajo y de que el sueldo no era tan bueno como se decía. Lo que los militares dicen a media voz es que los desplazamientos al extranjero, y todavía más en una región como las Malvinas, proporcionan algunas ventajas financieras apreciables. Pero no las cuantifican.

Las historias sobre la guerra que circulan entre los militares no llegan al público. Ellos charlan en la intimidad de los cuarteles y cuando hablan con civiles, principalmente extranjeros, siguen invariablemente el guión oficial sobre los hechos de la guerra. Por ejemplo: hace aproximadamente 20 días se encontró el cuerpo de un piloto argentino. Esa, información no debe pasar de los cuarteles. Los oficiales comentan que hay un reglamento que tiene que ser respetado.

Desprecio a Galtieri

El general Galtieri es el enemigo público número uno. Se habla de él con ironía y con un desprecio más que británico. El gran éxito editorial ahora en las Malvinas es un libro que todos los militares leen con mucha atención: Los chicos de la guerra. Los británicos no son piadosos en sus comentarios respecto a la actuación militar de los comandantes argentinos. La única arma que provoca comentarios respetuosos es la Fuerza Aérea.

El libro provoca un recuerdo de pena de los argentinos mezclado con rabia. María Strange, nacida en Argentina y casada con un inglés, pintor y naturalista, tuvo durante la guerra la misión de intérprete. Con todas las características físicas de una argentina, y llena de ese qué sé yo que tienen los argentinos, María tiene el recuerdo de los chicos en las trincheras, quejándose de la falta de comida y de que se iban a perder el Mundial. "Querernos volver, esto no nos interesa", decían; según María.

La palabra futuro no tiene ningún sentido en estos momentos en las Malvinas. Porque futuro trae las inevitables preguntas sobre si va a haber negociaciones con los argentinos. La expresión negociaciones sobre soberanía argentina arranca miradas de odio. Un joven técnico de la radio local, que pertenece a la. Falklands Islands Company, tiene en su casa un recuerdo macabro que enseña con orgullo: fotos de soldados argentinos mutilados en la guerra, sin piernas y sin ojos. Patrick Goss no esconde un odio mortal contra los latinos, como llama peyorativamente a todos los latinoamericanos.

Los ingleses están construyendo frente a la sede del Gobierno de Port Stanley un monumento sobre la guerra. Ya tienen uno terminado en Goose Green. ¿Cuántos argentinos murieron? Los ingleses responden honestamente que no lo saben; apenas admiten que fueron muchos. Extraoficialmente se habla de 800 a 2.000, incluidas todas las fuerzas.

Los barracones, donde los soldados y oficiales argentinos quedaron prisioneros, en verdad establos de ovejas, están pintados de negro por fuera, con un aviso para señalar a los aviones que había argentinos dentro. A los oficiales argentinos les tocó quedarse en los cobertizos donde había más suciedad de las ovejas. Los soldados, sin embargo, recibían algunas atenciones. Los argentinos perdieron el Mundial, la guerra y la vía diplomática para recobrar la soberanía de las Malvinas. Los ingleses reconquistaron las Malvinas, un país de la OTAN ostenta el control militar del Atlántico sur y la verdadera historia de esta guerra, como dicen algunos oficiales británicos, sólo se conocerá exactamente de aquí a 20 años, o más, cuando salgan al público algunos documentos históricos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de agosto de 1983