Militantes 'abertzales' y guardias civiles trabajan codo con codo y fuman los mismos cigarrillos
La magnitud de la tragedia que asola a las provincias vascas ha tenido el efecto, siquiera momentáneo, de juntar en un mismo escenario de lodo, destrucción y muerte, a hombres habitualmente enfrentados por sus ideologías políticas y sus diferentes posiciones ante los sucesos violentos que se repiten con machacona insistencia en Euskadi.
En Bilbao, Llodio, Guernica y Galdácano, en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, todo tipo de personas luchan hombro con hombro para remontar el desastre colectivo, asistiendo a personas sin techo, colaborando en la reparación de carreteras y limpiando hogares, comercios e industrias anegadas, removiendo el lodo y levantando escombros.
Se diría que la catástrofe ha homogeneizado los sentimientos de las gentes, que comparten ahora la misma sensación de desolación y de rebeldía ante una realidad superior que se ha manifestado de forma brutal e implacable.
La guerra de las banderas o cualquier otra querella política parecen ahora irreales, lejanas, envueltas en el velo de las cosas ficticias, frente a una tragedia que ha colocado a la población ante temas fundamentes como el de la vida y la hacienda propia, y ante valores humanos como la solidaridad.
Solidaridad frente a incomunicación
El barro ha cubierto por igual los uniformes verdes de los guardias civiles y a los simpatizantes abertzales, que codo con codo han formado parte de la misma cadena humana que evacuó ayer el material inutilizado de una fábrica en Galdácano.Los recelos iniciales se suavizaron con el esfuerzo del trabajo, y unos y otros fumaron del mismo paquete de cigarrillos y comieron bocadillos preparados por la misma mano. En estas horas, la solidaridad es capaz de romper muros de incomunicación, arrogancia y odio, construidos durantes muchos años.
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