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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Terrorismo y democracia

Perú tiene ahora la posibilidad, por primera vez en más de 50 años, de fundar un régimen democrático estable, sin interrupciones golpistas. Durante más de medio siglo este país ha vivido aprisionado por el péndulo de Gobiernos elegidos por el pueblo y regímenes militares. Tan es así que en ese lapso ni un solo gobernante surgido de las urnas le ha podido transferir los símbolos del mando supremo a un sucesor nacido de las ánforas del sufragio.

Todo eso puede cambiar si el terrorismo maoista es rápidamente debelado. Mientras persista la violencia extremista, el horizonte institucional se mostrará nublado. Felizmente, el reciente asalto -a sangre y fuego- al local del partido oficialista Acción Popular ha generado un movimiento de unidad política que seguramente no sospecharon sus autores.Personeros de los principales movimientos partidarios del país, incluidos los sectores marxistas, presentaron personalmente sus condolencias a la dirigencia acciopopulista.

De profundizarse esta tendencia a la unificación entre quienes se adhieren a los principios democráticos, se abre una etapa de solidificación institucional que permitirá que en 1985 el presidente, Fernando Belaúnde Terry, le entregue la banda bicolor a un gobernante designado por el pueblo peruano y no nacido de alguna deliberación de cuartel, como sucedió en 1968, cuando la anterior administración del actual presidente fue bruscamente interrumpida por un pronunciamiento castrense, faltando sólo nueve meses para las elecciones generales.

Desde 1979 Perú cuenta con una Constitución que incorpora la experiencia acumulada desde 1933, cuando fue promulgada la anterior Carta Magna. Además, su vida partidaria se ha consolidado, no obstante haber estado en suspenso cerca de 12 años la vida política durante la dictadura militar.

Sindicalistas y empresarios, más allá de previsibles diferencias, coinciden en la necesidad de mantener vigente el ordenamiento, constitucional. Otro tanto piensan periodistas y políticos. La Iglesia, de su lado, pregoná la conveniencia de no apartarnos del sendero constitucional.

Las condiciones están dadas, en otras palabras, para iniciar el camino de la fundación de una nueva etapa republicana. La inestabilidad de décadas puede tornarse en estabilidad fecunda, como lo demuestra la experiencia de Venezuela.

Sólo un puñado de fanáticos, cuya ideología mezcla los conceptos de Mao con las prácticas de Pol Pot, se opone a este propósito. Liquidar este movimiento, dentro de la ley y con cabal respeto de los derechos humanos, es, pues, una meta insoslayable. En lograrla está empeñado Perú.

Manuel d'Ornellas es columnista y comentarista de la televisión peruana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de julio de 1983