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La obra de María Zambrano protagoniza el primer seminario de la Fundación Conde de Cabra

Un seminario sobre el pensamiento de María Zambrano, organizado por la recientemente creada Fundación Conde de Cabra-Antigua Universidad de Almagro, que constituye una de sus primeras actividades culturales, se está celebrando desde el 24 de junio en el convento de los dominicos de Almagro (Ciudad Real), con la participación de destacados especialistas españoles de la obra de la filósofa malagueña, exíliada actualmente en Ginebra (Suiza).A manera de saludo a la citada fundación y a los partícipes que animan el seminario, María Zambrano ha enviado un breve texto inédito, que fue leído el día de la inauguración, por su embajadora en España, la poetisa Julia Castillo. En él celebra la pensadora lo que son los primeros pasos de reaparición y renacimiento públicos de la otrora brillante universidad de Almagro, que desapareciera por decreto allá por el siglo XIX "Nada como la aparición de algo que nace o renace", escribe María Zambrano, "despierta a la par asombro y reverencia. Y asombro y reverencia son las fuentes del saludo".

Y partiendo de esta salutación la autora, recientemente galardonada con el premio especial de Fundación Pablo Iglesias, filosofa acerca del nacimiento, de la salida a la luz (con motivo del resurgir de estudio formal del discurso de la la fundación Conde de Cabra), con lirismo de que están impregna todas sus obras.

"Nace el saludo así", prosigue la autora, "respondiendo a lo que se ofrece naciente. Y nace la palabra, con su silencio, como pájaro desunido, y el gesto adecuado junto a ella. Es la reverencia, la inclinación que lleva, al par, el aliento contenido y el alborozo. Júbilo que se contiene, que no se expande, tal como el júbilo tiende a hacerlo de por sí, cuando anda suelto. El júbilo, y toda expresión en quien mira un nacimiento, es de comedimiento. Y así, sólo entonces, el nacer se da: cuando aquello que nace, requiriéndonos, hace nacer todo aquello que se queda al borde del nacimiento, o que se extinguió y no tuvo espacio propicio, protección incesante sin imposición. Amor, amor comedido que pide y da conocimiento, dejándole intacto, a lo que nace, el misterio. Y el misterio de lo que nace es el misterio mismo del nacer. Hay siempre un aliento, algo que pide ser recogido, y un fuego que necesita ser mantenido".

El viernes de la semana pasada abrió el seminario el filósofo y novelista Fernando Savater, con un discurso sobre Pensamiento, poesía y sueño en María Zambrano. Por la noche, Amancio Prada y sus músicos entonaron el Cántico Espiritual.

El libro Dos fragmentos sobre el amor, recientemente editado en Málaga, fue presentado y comentado por el filósofo Jesús Moreno y por el poeta e impresor Salvador López Becerra. El primero de ellos disertó sobre Las fórmulas del corazón, asumiendo la semblanza que de María Zambrano hiciera Ciorán, "para quien aquélla ha superado la idea y ha ido más allá de la filosofía", declaró Jesús Moreno.

La poetisa y catedrática de Literatura, Amparo Amorás, en su comentario sobre La metáfora del corazón, desde la perspectiva de la pensadora, poesía y la lingüística, propuso un estudio formal del discurso de la pensadora, que a partir de este núcleo cordial y afectivo del corazón, que constituye el centro de su obra, completando y trascendiendo La razón desvalida, estableciera "la poética que palpita en este pensamiento que ha sabido reunir de nuevo filosofía y poesía".

El filósofo-polígloto Javier Ruiz dijo sobre el libro El hombre y lo divino que su mismo título "corresponde mejor que otro ninguno a la totalidad de la obra de la autora", y añadió que "la obra de María Zambrano es concierto en el que la emoción y el pensamiento están rimados".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de julio de 1983