El estrés produce un descenso de la fertilidad humana

El riesgo de que el progreso extienda la esterilidad masculina y femenina hasta el punto de amenazar la superivivencia humana fue el tema del congreso que, bajo el lema Estrés y sexualidad, se clausuró ayer en Roma.

Según las conclusiones de los científicos convocados por el Instituto Internacional de Estudios Sanitarios, se asiste a una caída vertical de la fertilidad por la creciente tensión de la vida moderna. La función reproductora es, a juicio de los expertos, la más castigada por el estrés, dada la estrecha relación que existe entre el cerebro y el sistema hormonal. Algunos estudiosos sugieren que los hombres reaccionan exactamente igual que los animales: cuando alcanzan la superpoblación, estallan las angustias y fobias que desatan la esterilidad.El ejemplo más conocido es el de los presos encerrados en celdas atestadas o el de los astronautas que pasan largos períodos aislados en una nave. Unos y otros sufren de azoospermia, producción de espermatozoides inútiles para la reproducción.

Henry Laborit, biólogo francés de fama mundial y autoridad europea en materia de neurofisiología, ha expuesto en el congreso la tesis de que esta vulnerabilidad del hombre se debe a "los tres cerebros que el hombre posee".

Laborit explica que el "el ser humano tiene tres cerebros superpuestos, uno -el llamado paleocerebro- es el más agresivo e instintivo, heredado de los reptiles antediluvianos; otro es el de nuestros padres mamíferos, sede de las emociones, y el último, la corteza, el único específicamente humano".

"Cuando actuamos", dice Laborit, "no podemos reprimir los impulsos atávicos, y por ello somos presas indefensas del estrés".

El problema, afirma, no está tanto en la tensión, la angustia y la ansiedad, sino en nosotros mismos, que nos dejamos dominar por ellas. El estrés debería ser, en realidad, útil para la defensa de la especie.

Sin embargo, ningún científico de los asistentes a este congreso ha querido adelantar un tratamiento efectivo, para quienes no logran acallar su cerebro antediluviano. "Cuando la voluntad no sirve para nada, queda la imaginación", afirma Laborit. "Conozco personas sexualmente muy sanas que son perfectos esquizofrénicos, separados de la angustiosa realidad".

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