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Entrevista:

Carlota Bustelo: "El nombramiento de una feminista al frente del IDEM puede tener un sustrato de mala conciencia"

Carlota Bustelo, 43 años, licenciada en Ciencias Políticas, será nombrada mañana asesora ejecutiva del Instituto de los Derechos de la Mujer (IDEM), organismo autónomo que dependerá del Ministerio de Cultura y sustituirá a la Subdirección General de la Mujer. El proyecto de creación del IDEM ha sido aprobado por el Gobierno y debe tramitarse en las Cortes, de donde Carlota Bustelo -que, una vez ultimado dicho proyecto en las Cámaras, será nombrada directora- no espera que salga antes del verano. La futura directora no se explica demasiado su designación, que achaca "quizá a algún sustrato de mala conciencia en los puestos de responsabilidad del PSOE o en los compañeros ministros".

Mujer y Socialismo, organización de las mujeres del PSOE, había solicitado que el Instituto de los Derechos de la Mujer tuviera rango superior, de Secretaría de Estado, pero esto no debió parecer oportuno a los dirigentes del partido. También pidieron las socialistas que en las próximas listas electorales se incluyera un 15% de mujeres, lo que en Europa y los Estados Unidos se conoce como discriminación positiva, asumido ya por todos los países desarrollados que las mujeres, en igualdad de preparación y competencia, no llegarán a acceder fácilmente a puestos de responsabilidad. Esta propuesta fue rechazada en una pasada reunión socialista y se dijo que dos mujeres lucharon contra ella por entenderla discriminatoria.Con estos antecedentes, no dejó de sorprender que, entre tres candidatas de Mujer y Socialismo, saliera adelante para dirigir el IDEM Carlota Bustelo, una feminista de trayectoria combativa, que renunció al puesto que le habían asignado en las listas electorales de su partido en las legislativas de 1979, al ver la lucha encarnizada que había por estar un puesto arriba o abajo y que recordó la ineficacia, dentro del partido y del Parlamento, de su trabajo en favor de la mujer. Tuvo que protestar airadamente porque el PSOE redactó una nota diciendo que se iba por "motivos personales". Cuando se iniciaron en Bilbao los juicios por aborto, fue apaleada y calificada de puta por la policía por participar en un acto de solidaridad con las procesadas. No se limitó a firmar el escrito de profesionales y artistas en el que se afirmaba: "Yo he abortado voluntariamente", sino que dijo en una entrevista: "Yo firmé esta carta y sostengo que he abortado".

Desde pequeña siempre fue la buena. "La buena en mi familia, en el colegio, en todas partes. Hasta que entré en el PSOE y me hice feminista y entonces me convertí en una loca. Bueno, pues no. Yo creo que soy buenísima y que por eso soy feminista".

Pregunta. ¿Por qué el nombramiento de una feminista conocida para este cargo? ¿Alguien ha querido hacerse el harakiri o lavarse alguna mala conciencia en el tema de la mujer?

Respuesta. Sí, es curioso el nombramiento; no sé por qué han acabado pensando en mí. En los compañeros ministros o en los puestos de responsabilidad del partido quizá quedó algún sustrato de mala conciencia y eso haya influido en la decisión. También el deseo de tener buena imagen. Yo creo que creen que quieren ocuparse del problema de la mujer, pero no sé si eso se traducirá en hechos eficaces. De todas formas, ha habido otros nombramientos, de mujeres cuya principal actividad política ha sido feminista, para direcciones generales o la delegación del Gobierno en la Telefónica.

P. La Subdirección General de la Mujer se ha movido entre la desidia y la impotencia. ¿Por qué puede pensarse que el Instituto de Derechos de la Mujer va a ser distinto?

R. El Instituto se crea por una voluntad política de ocuparse de la mujer desde el Gobierno y la Subdirección General era una solución transitoria para hacer algo con la Sección Femenina. Intentaron hacer algo, y hay publicaciones que están bien; dieron subvenciones a algunas asociaciones y posibilitaron la utilización de algunos locales, pero nunca se hizo desde ella una política hacia la mujer ni se la consultó por parte del Gobierno.

P. ¿Por qué un organismo autónomo y no una Secretaría de

Estado?

R. En el programa electoral se hablaba de una comisión interministerial, sin especificar un contenido concreto. Después se pensó que una comisión interministerial no podía tener una gran capacidad de maniobra, medios, presupuesto y autonomía. Un grupo de mujeres Carlota Bustelo. de Mujer y Socialismo, aunque no todas del PSOE, tuvo la idea del Instituto como organismo autónomo. Lo que importa es que el Gobierno considere que hay un organismo al que escuchar y tener en cuenta para defender los derechos de la mujer.

P. ¿Por qué no se aprobó en el PSOE la propuesta de que hubiera un cupo del 15% de mujeres en las listas electorales del partido?

R. Desgraciadamente, en el tema de la mujer la base es más reaccionaria que los dirigentes. La discriminación positiva tiene menos rechazo en la dirección que en la base, porque a los dirigentes les da incluso un poco de vergüenza estar tan atrasados en este tema.

P. En enero de 1979, usted dijo sobre la dirección del PSOE que, "a excepción de Gómez Llorente y Felipe González, que al menos no cambian de conversación cuando les hablamos, el resto de los dirigentes ignora los problemas de la mujer; les resbalan nuestros problemas. Algunos, como Alfonso Guerra, se creen que lo saben todo y que el tema de la mujer lo tienen superado". ¿Lo mantiene cuatro años después?

R. Cuando dicen que he cambiado, yo creo que los que lo han hecho son ellos. Guerra es un caso digno de mención. El verano pasado, en un curso sobre la mujer en la Universidad Menéndez Pelayo, fue el último día, en representación del PSOE, e hizo un discurso teórico feminista que me dejó perpleja, porque se lo había aprendido muy bien. Si lo ha interiorizado es otro problema, no lo puedo juzgar; pero nos lo explicó muy bien. Comparados con los hombres del PSOE, los ministros no son muy machistas.

P. Su negativa a volverse a presentar a diputada en 1979 tuvo que ver con las listas electorales, en las que ahora los dirigentes del PSOE no han aceptado la inclusión de un cupo del 15% de mujeres.

R. Es que hay un problema y es la lucha por el poder. Y ahora que tienen posibilidades se organiza una lucha interna que llevaría a tener que estudiar cómo conseguir que las cosas no sean así. Las pobrecitas mujeres, que ya estamos discriminadas, cuando nos enfrentamos a la lucha por el poder intrigamos muy mal; y cuando llega el momento de pactar, las cuatro o cinco mujeres en puestos con posibilidades acaban en la cola. Al mismo tiempo, como las feministas decimos que estamos contra el poder, es muy difícil ser coherente, porque formas parte de un partido en el que para llegar a algo tienes que meterte en esa lucha por el poder.

P. ¿Qué sentido tiene, entonces, la militancia de feministas en partidos políticos?

R. Sólo pueden tener fuerza porque se apoyen en el movimiento feminista o porque dentro de partido sean capaces de montar una fuerza, lo cual es muy difícil porque cuando el partido se da cuenta, desactiva el grupo. Hemos rechazado fórmulas que nos pare cían superadas, pero a lo mejor Io que habría hecho falta en el PSOE es pedir una organización autónoma de mujeres, como en Suecia ( Austria. Ahora ya hay demasiado intereses políticos y complicaciones organizativas para poder hacerlo.

P. "Las mujeres hemos perdido la batalla en el PSOE". Es una frase suya, también de principios de 1979.

R. No sé si la hemos perdido, pero, desde luego, no la hemos ganado. Estamos en batalla. Veo a mis compañeras que están en la lucha diaria y se quieren ir a casa. Las veo como era yo hace años, y si ahora no lo soy es porque he estado apartada. Creo que la guerra continúa, que vale la pena, aunque tenga que ser lo menos agresiva posible a nivel verbal y personal; pero a veces tiene que ser un poco molesta, como toda la lucha feminista.

P. Los hombres piensan que "el aborto es una cuestión secundaria. Secundaria para ellos. Es una vergüenza. Están ciegos, porque los anticonceptivos y el aborto son tan importantes o más que la energía nuclear o el paro obrero y, desde luego, estrechamente relacionados con ellos". Era noviembre de 1979 cuando usted dijo lo anterior. Para una mujer de reiterada combatividad en favor de la interrupción voluntaria del embarazo, ¿qué opinión merece el proyecto de despenalización del aborto propuesto por el Gobierno?

R. El proyecto, aunque es un paso adelante, me parece muy moderado. Lo encontraría bien y se acercaría a la situación de otros países europeos si se añadieran dos aspectos: la despenalización de la esterilización voluntaria, cuya inclusión en la reforma del Código Penal anunció ya la UCD cuando yo era diputada, y la introducción, no sé si inmediatamente, de los casos de aborto contemplados como prestación de la Seguridad Social. No obstante, el Gobierno me sorprendió favorablemente al tocar el tema tan pronto. Tienen al país detrás, el proyecto es lo mínimo que puede hacerse y creo que no están en contra de él ni los votantes de AP.

P. Casi al final de la legislatura constituyente, en la que fue diputada, usted mantuvo que "desde mi punto de vista feminista, quizá el mayor fracaso haya sido la Constitución". Venía de militar en el Frente de Liberación de la Mujer y de mantener la "supresión de la familia tradicional" y la "desaparición de la institución matrimonial". ¿Sigue pensando igual?

R. Para mí, lo peor de la Constitución, y algún día habrá que reformarla, es que cite expresamente la protección a la familia. ¿Es que a los que no quieren vivir en familia no se les protege? No me parece democrático que se obligue a institucionalizar las relaciones afectivas. En una sociedad en que los sujetos de derechos somos individuos, el Estado debe dar protección a los individuos como tales; porque a la familia, ¿quién la representa? En lo que sí he cambiado es en que ahora le doy mucha importancia a la maternidad. Creo que las feministas cometen -yo no estoy ahora en esa postura- un error en no abordar los aspectos positivos de la maternidad, porque la mayoría de las mujeres quieren tener hijos y lo encuentran satisfactorio.

P. Cuando se piensa que el nombramiento de Carlota Bustelo tiene truco, las opiniones se dividen entre quienes dicen que quizá se explique porque ha moderado sus planteamientos y quienes afirman, como usted misma mantiene, que quizá los que han cambiado son los dirigentes socialistas. Pero, incluso en la segunda de las hipótesis, después de hablar con usted puede concluirse que Carlota Bustelo ya no es el lobo feroz de Mujer y Socialismo.

R. No, ya no lo soy; pero sigo convencidísima de las mismas cosas de siempre. Creo que no he cambiado en ninguna, excepto en que me da mucha pereza enfadarme; aunque, si no me enfado, quizá no consiga nada al frente del IDEM.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 1983

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