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José Ruibal estrena la sátira 'El hombre y la mosca'

El dramaturgo José Ruibal (Pontevedra, 1925), autor de varias piezas teatrales, representadas en el extranjero más que en España, donde han sido publicadas y censuradas en el régimen anterior para su puesta en escena, presentará esta noche, en el teatro María Guerrero, de Madrid, la obra El hombre y la mosca, una sátira política sobre la permanencia en el poder, en un montaje del Teatro Itinerante de Puerto Rico, de Nueva York, con dirección escénica de Jack Gelber.La obra de José Ruibal se representa, en sesión de noche, como programación paralela del Centro Dramático Nacional, que en sesiones de tarde mantiene en cartel La Dorotea, de Lope de Vega, en adaptación de Antonio Larreta.

Ruibal escribió El hombre y la mosca en 1968, año en que el profesor norteamericano George E. Wellwart dio a conocer sus obras a través de revistas y el libro Teatro underground español, junto a otros autores marginales y censurados por el franquismo. Desde entonces se ha montado en la Universidad de Nueva York y la temporada pasada el Teatro Itinerante de Puerto Rico presentó en Broadway y otros escenarios norteamericanos montajes en inglés y castellano.

El Teatro Itinerante de Puerto Rico, fundado en Nueva York en 1967 por la actriz Miriam Colón, programa las obras más representativas del teatro portorriqueño, latinoamericano y mundial contemporáneo. El montaje de El hombre y la mosca en Madrid ha sido supervisado por el mismo director que estrenó la obra, Jack Gelber, quien ha trabajado con autores como Wesker, Kopit y Shepard.

La obra El hombre y la mosca, que en Estados Unidos fue saludada corno "la sátira política más brillante escrita bajo el franquismo", es una de las obras más representativas de la dramaturgia de José Ruibal, autor de obras como El mono piadoso, La máquina de pedir y Curriculum vitae, que bajo la forma de un simbolismo abstracto trata asuntos como la permanencia y el abuso de poder, la naturaleza represiva de la sociedad y la deshumanización de la vida como resultado de la revolución tecnológica.

Durante la dictadura franquista, la censura identificó la obra con la situación de poder de Franco, aspecto que el autor ha desmentido como un reflejo inmediato en sus personajes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de febrero de 1983