Salvador Pániker destaca el forcejeo con el lenguaje en la obra de Umbral
Las Giganteas, último libro de Francisco Umbral, editado por Plaza y Janés, fue presentado el pasado jueves en la Fundación Joan Miró de Barcelona. Intervinieron en el acto Salvador Pániker, que hizo la presentación del libro, Mario Lacruz, director de la editorial, y el propio Umbral, que contestó a algunas de las preguntas dé Pániker sobre el proceso de creación. Pániker afirmó que hay unas claves que permiten entender la obra de Umbral, en general, y Las Giganteas en particular, como el narcisismo, el permanente forcejeo con el lenguaje, la rebeldía frente al tiempo y la ambivalencia. Umbral dijo, en su breve intervención, "yo no puedo vivir sin verme vivir y eso, aplicado al pasado, me hace estremecer. Me doy cuenta de que yo, de niño, era un monstruo, un niño insoportable."Pániker empezó recordando su largo conocimiento de Umbral, al que frecuentemente apoda El Chino, porque tiene aspecto de kungfu o de samurai y porque une en sí la dialéctica del ying y el yang". Según Pániker, en la obra de Umbral realidad. y ficción se superponen hasta hacerse indistinguibles. "Umbral es estudioso y pícaro, aristócrata y muchacho callejero, ha leído mucho y lo ha olvidado todo". Esta permanente ambivalencia se proyecta en su escritura, que es "indagación en sí mismo y apertura al mundo".
"Yo a Umbral le veo" -siguió diciendo Pániker- "como un Proust, obsesionado por detener el tiempo, por recuperar el presente escapado". La atracción por la infancia resulta, pues, del hecho de que "la infancia es el tiempo detenido, presente en una cierta frescura, más allá de la temporalidad obscena".
La marcha de Umbral a Madrid, a principio de los años sesenta, es también una clave importante para Pániker. El escritor asimila el movimiento beat-nik. "Se convierte en un beat-nik manchego".
Finalmente Pániker hizo alusión a los mitos presentes en Las Giganteas: "Tres mitos de infancia" el de las muchachas que se bañan desnudas en el río, el de la presa, que es la muerte y el peligro, y el de las mismas giganteas, lugar al que nunca ha llegado ningún niño, el tesoro". Junto a todos ellos, el río. "Un río culebrón, sexual y sexuado, que erotiza los pies de las monjas".
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