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El escritor, periodista y académico Eugenio Montes falleció ayer en Madrid

El sepelio se efectuará en La Almudena a mediodía de hoy

El escritor Eugenio Montes murió la mañana de ayer en su domicilio, a los 85 años de edad, víctima de una necrosis medular. La capilla ardiente ha sido instalada en su domicilio de la calle Génova (Madrid), hasta el sepelio, que se celebrará hoy, a las 12.45, en el cementerio madrileño de La Almudena. Sucesor de Ramiro de Maeztu en el sillón L de la Real Academia de la Lengua, ha sido, según Luis Rosales, "uno de los escritores con una orientación más certera y un reconocimiento más escaso de la literatura española".

A las 8.30 de la mañana de ayer falleció en su domicilio madrileño el escritor y académico Eugenio Montes, de 85 años de edad, víctima, según su familia, de una necrosis medular consecuencia de una larga y penosa enfermedad. La capilla ardiente, a la que desde mediodía de ayer están asistiendo numerosos amigos y compañeros de Academia del escritor fallecido, está instalada en su domicilio, de donde a mediodía de hoy saldrá el cortejo fúnebre hacia el cementerio madrileño de La Almudena, donde se celebrará el sepelio a las 12.45.La muerte del académico ha merecido los comentarios de numerosos intelectuales que han glosado su obra. Luis Rosales, reciente premio Cervantes 1982, ha declarado que Eugenio Montes "fue uno de los reformadores de la prosa española", destacando su papel de fundador, junto a Gerardo Diego, del grupo Ultraísta, desde el que, según el académico granadino, "ha tenido un gran valor de orientación en muchos aspectos de la literatura española actual".

Julián Marías, por su parte, destaca en la obra de Eugenio Montes, "un fondo de cultura que hacía muy estimable su producción literaria". Y añade: "Le conocí en 1944, y le debo gratitud ya que en aquellos años en que yo no tenía pasaporte para ir a Lisboa a ver a Ortega, él, desde su puesto oficial en el Instituto de España, me invitó a pronunciar una conferencia en la capital portuguesa, con lo que pude cumplir mi deseo. Ha sido un gran escritor", sigue el pensador y académico, "con una prosa muy trabajada y suculenta". Manuel Blanco Tobío, por su parte, ha señalado su papel como escritor gallego y como corresponsal periodístico internacional, y Luis Calvo ha tenido un emocionado recuerdo para el compañero de tertulias y charlas. Montes fue director del Instituto de España en Roma desde 1963 a 1973.

La larga espera del sillón L

Desde 1940, en que Montes fue designado académico de la Lengua -también era electo de la de la Historia-, hasta 1978, en que leyó su discurso de ingreso, sobre el tema El romanticismo de los clásicos, pasaron 38 años, uno de los períodos más largos en que un sillón académico ha estado vacío esperando a su ocupante electo. Era el sillón de Ramiro de Maeztu, y la respuesta de aquel 22 de enero corrió a cargo de Joaquín Calvo Sotelo.El académico nació en Vigo -en otras biografías aparece nacido en Orense- en 1897, fecha que también a veces aparece adelantada o atrasada en un año. Pasa la infancia en un pueblo de Orense, hasta comenzar los estudios de Letras en Barcelona y posteriormente en Madrid. En la Complutense es alumno de Ortega y Gasset y colabora con él en Revista de Occidente. En 1926 gana la cátedra de Literatura en el Instituto de Cádiz, ciudad en la que vive algún tiempo, hasta completar estudios en la Sorbona de París y viajar por Estados Unidos. Desde 1929 vive una fase activa colaborando con La Epoca y El sol, con Acción Española y con la Falange de José Antonio, de quien era amigo personal, en su período fundacional. A partir de 1931, comienza su carrera de corresponsal en las grandes capitales europeas.

Ha sido director del Instituto de España en Lisboa y en Roma, ha tenido los premios Mariano de Cavia, en 1934, y el Francisco Franco de periodismo en 1944. Entre las obras de este escritor en gallego y castellano, muchas veces condecorado, están El viajero y su sombra, Melodía italiana, Elegías europeas, Tres contos y Estética da muñeira.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de octubre de 1982