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La desarticulación de la intentona de comenzó tras la visita de uno de los detenidos a Milans del Bosch

La intentona golpista descubierta por los servicios de la Seguridad del Estado, pertenecientes a los Ministerios de Interior y Defensa, en la mañana del viernes, pretendía la realización, el próximo 27 de octubre, víspera de las elecciones legislativas, de un golpe de Estado de acuerdo con las técnicas clásicas de este tipo de acciones. Los documentos comprometedores incautados a los detenidos contenían los objetivos a tomar, fundamentalmente en la ciudad de Madrid, entre los que destacaban importantes centros de poder militar y edificios neurálgicos de comunicación. La investigación y el comienzo de la desarticulación de la intentona comenzaron con la interceptación de un portafolios en el maletero del coche de uno de los coroneles detenidos, a la salida de una visita de más de cuatro horas al teniente general Milans del Bosch, condenado por el delito consumado de rebelión militar, que ayer fue trasladado a Sevilla.

Los servicios de la Seguridad del Estado vigilaban desde hacía más de un mes los movimientos de los tares detenidos el sábado, coroneles Muñoz Gutiérrez y Crespo Cuspineda y el hermano de éste último, teniente coronel también del arma de Artillería, como los anteriores. Uno de los detenidos visitó el viernes último al teniente general Milans del Bosch por espacio de cuatro horas. A la salida los agentes recelaron de un portafolios que introdujo en su coche y aprovechando una ausencia momentánea del sospechoso, comprobaron el contenido de dicho portafolios y descubrieron un minucioso plan para dar un golpe de Estado el día 27 de octubre.Este descubrimiento, que confirmó algunas sospechas en poder del Gobierno, fue analizado en una reunión en la Moncloa por el presidente del Gobierno y los ministros de Interior y Defensa. En este encuentro se decidió mantener el programa de actos del Rey y miembros del Gobierno, se ordenó la detención de los tres militares y la incomunicación de algunos de los condenados por la rebelión del 23 de febrero. La primera evaluación de la intentona se consideró grave y seria, y se cursaron instrucciones a capitanías generales y gobiernos civiles.

El plan interceptado a los detenidos suponía el despliegue clásico de un golpe de Estado, neutralizando los centros de decisión civiles y militares y los núcleos neurálgicos de comunicación, transmisión y transporte. Se pretendía fundamentalmente aislar Madrid e irradiar la intentona al resto del Estado. Especial cuidado se tenía en este plan de neutralizar a los mandos naturales de las Fuerzas Armadas, y se preveía la toma de la sede de la Junta de Jefes de Estado Mayor y la de la I Región Militar. Los medios de comunicación oficiales y privados se designaban también como objetivos de esta criminal operación.

Otro segundo grupo de documentos interceptados por los agentes de la Seguridad contenía el plan programático de la intentona, redactado en los términos clásicos de nacionalpopulismo y la supresión del sistema constitucional. En un tercer paquete de documentos se especificaban listas de militares que presumiblemente debían participar en la intentona, aunque los propios interesados desconocían su implicación en la misma ni habían sido contactados, y en fuentes de toda solvencia se tiene la seguridad de que no hubieran participado en está actividad aventurera.

Los servicios de la Seguridad evaluaban anoche el resultado de sus pesquisas e informaciones para acotar las ramificaciones de esta intentona, perfectamente controlada por el Gobierno, según declaraba anoche en televisión el ministro de Defensa, Alberto Oliart. En todo momento, al conocerse las primeras noticias, la Junta de Jefes de Estado Mayor y la cadena de mandos naturales de las Fuerzas Armadas -objetivos prioritarios de la intentona-dirigieron la operación de desenmascaramiento de la trama.

Según fuentes consultadas por este periódico, no se tiene constancia de la participación de miembros de los otros dos Ejércitos y se posee la impresión de que la intentona, bien diseñada en su despliegue táctico, estaba sólo en fase de proyecto y no se había pasado a las subsiguientes etapas de implicar a núcleos operativos y a la ejecución del diseño del golpe de Estado.

Los detenidos prestaron ayer las primeras declaraciones ante el juez instructor, coronel José Muñoz Sánchez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de octubre de 1982

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