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Tribuna:

La Mancha, satélite del Gobierno central

El Ministerio de Economía y Comercio acaba de dar a la publicidad un libro titulado Programa económico regional de Castilla-La Mancha, aunque luego, en páginas interiores, se explicite que tal estudio ha sido llevado a cabo "con la colaboración" de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha".Todo ello evidencia un hecho no por conocido menos sorprendente: que sigue siendo el Gobierno, la Administración central, radicada en Madrid, quien ordena, templa y manda sobre las débiles comunidades autonómicas existentes en su entorno, tanto sobre Castilla la Vieja y León, como, mucho más, sobre la región manchega. En la primera, por sus sucesivas secesiones y desmembraciones; en la segunda, porque no tiene sentido autonomista y ni siquiera conciencia regionalista.

No cabía esperar otra cosa y así, en una serie de informes, lo anticipaba en estas páginas de EL PAÍS hace dos meses. Entre otras, hay una razón muy simple. ¿qué estudiosos -economistas, urbanistas, ingenieros, ecologistas, arquitectos, técnicos diversos- cuentan en cada una de las provincias de La Mancha?. En muchas de estas y otras especialidades -imprescindibles para abordar una planificación suficiente y racional- no existe ni tan siquiera una sola persona, en otras acaso no pasen de dos o tres..., en el mejor de los casos, y ello contando en ese número a los representantes del poder central.

Lo más que ha podido aportar, en todo caso, la Junta de Castilla-La Mancha son estadísticas provinciales no globalizadas, es decir, no contemplando el territorio de la comunidad manchega como un todo sino como parcelas provinciales. Y ello porque no existen en absoluto estudios fiables de carácter global sobre la futura comunidad autónoma manchega, ni tienen gabinete técnico capaz de realizarlo con un mínimo de garantías de seriedad y fiabilidad. Es más, no pueden haber puesto al día tan siquiera aquellos viejos estudios uniprovinciales o regionales que, llevaban a cabo las denominadas vicesecretarías de Ordenación Económica de la época franquista, que, en su afán de desmembrar y desnaturalizar la realidad de los pueblos de España, se inventaron una serie de regiones inexistentes -Sureste, Levante, Noroeste, Norte, etcétera-, puesto que tales vicesecretarías que realizaban aquellos estudios jamás dedicaron ninguno a La Mancha, y menos a una Mancha con la inclusión de Albacete, que hasta venía formando parte de Murcia.

Ejemplo de centralismo

Es decir, que para demostrar q ue Madrid es y será el sol matriz y motriz de ambas Castillas y de, toda la España interior, a excepción de Aragón, basta con remitirnos a la citada publicación del comentado libreto realizado por el Ministerio de Economia.

Estoy seguro de que el lector se quedaría sumamente sorprendido si mañana el Ministerio deEconomía y Comercio, u otro cualquiera, publicase un estudio similar sobre competencias que la Constitución consagra como específicos de los entes autonómicos vasco, catalán" gallego o andaluz. Amén de que sería más que probable que los responsables de dichas comunidades autónomas lo considerarían una injerencia inadmisible dentro de las competencias que la Constitución confiere en exclusiva a los entes autonómicos.

Otra cosa es que este u otros ministerios -para su uso privado o para llevar la contabilidad nacional- globalicen a nivel estatal sus inversiones y programas, pero no que le hagan esos estudios a una comunidad autónoma, porque ¿qué clase de autonomía es aquella que tiene que ser tutelada y amamantada en todo por el Estado central?

A uno este caso le recuerda un viejo hecho histórico: cuando reunidas las Cortes Generales del Reino de las Españas, fueron hablando uno por uno los representates de los distintos reinos: Aragón, León, Galicia, etcétera, y cuando le llegó el turno al representante de Castilla, el rey se levantó y dijo: "Por Castilla hablaré yo". Allí -y desde hace siglos- se acabó por acallar, amordazar y postrar a Castilla. Castilla, como dice el cantar, desde entonces no se ha vuelto a levantar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de septiembre de 1982