Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:TRIBUNA LIBRE

El reto socialista / y 2

PABLO CASTELLANO Como conclusión de su visión sobre lo que debe ser un programa socialista de Gobierno, el autor expone la necesidad de luchar contra la corrupción y las situaciones de privilegio, especialmente en la Administración pública, y concluye que el socialismo debe significar al menos un talante de moralidad, honestidad, autoridad y solidaridad

Si no se autentifica la libertad, la justicia y la democracia, y además por mor de la crisis se han de pasar hambre y apuros, mala ejecutoria se podrá ofrecer como balance de un período socialista. Un período socialista que deje efectuada la reforma de la Administración del Estado y que con valentía acabe con los privilegios económicos de altos cuerpos de la Administración -practicadores del numerus clausus en el nombra miento y del numerarius apertus en los sueldos, en los que todo es prestigio verbal, tráfico de influencias, y el trabajo poco y malo- es evidente que no va a acabar con el paro, pero con su actitud acabará con esa otra lacra que es la de una Administración parada, mala, irrespetuosa con el contribuyente, arbitraria e impune.

Porque hay que acabar con. el escándalo para que no nos salpique de complicidad, y además haciéndolo vamos preparando el que esta democracia, hoy débil y amenazada, se rearme.

El paro tiene precisamente su posible reducción en la lucha contra la corrupción y el privilegio, en un país tan necesitado como el nuestro de esa cacareada calidad de vida.

No es justo que no haya escuelas públicas ni maestros a disposición de nuestra infancia rural y suburbana mientras centenares de alumnos de Magisterio, hace muchos años salidos del mismo, están en paro y hay terrenos de sobra para edificar aulas, para dotar a cada pueblo de unidades escolares, y resulta escandaloso este panorama si se sabe además que la enseñanza privada recibe, entre unas y otras dádivas, más de cincuenta millones de pesetas diarias de subvención, parte sustancial de la cual va a parar a una Iglesia católica que sigue siendo elitista, intervencionista y acrítica, cuando no descaradamente nostálgica.

Es delictivo que no haya servicios de vigilancia y control de la salud, higiene, pureza alimentaria, ni laboratorios e inspecciones, cuando el número de ciudadanos parados que son biólogos, veterinarios y de carreras afines, previstas para estos cometidos, aumenta día a día, y la mayoría de los ayuntamientos están abandonados en este terreno por falta de medios materiales y humanos, lo que convierte en criminal este desprecio a la salud pública cuando sus resultados se llaman homicidios por imprudencia, fraude y estafa, como lo tenemos bien presente en el tema de la colza.

No es decente que no haya los necesarios establecimientos sanitarios y asistenciales públicos cuando se da una plétora de médicos en paro o infrautilizados, de una parte, y, de otra, médicos acaparadores de puestos en la Administración pública civil y militar por minutos, protegidos en su prioritaria dedicación profesional privada por semanas.

No es justificable el que no haya bibliotecas, centros culturales, compañías de teatro popular, grupos musicales ni producciones cinematográficas mientras están en paro actores, músicos, guionistas, licenciados en Historia, Filosofía y Letras -en suma, de todas las ramas-, y realizando en el mejor de los casos trabajos que suponen una malversación del dinero que el Estado ha invertido en su formación al servicio de la sociedad.

De la justicia a la empresa

No es serio que los asuntos judiciales se demoren por años, que no haya juzgados, jueces ni científicos auxiliares de la Administración de Justicia en psicología, psiquiatría, sociología, mientras existen millares de parados, tanto licenciados en Derecho como en otra clase de conocimientos afines y complementarios, para que permanezca así como cuerpo elitista y cerrado el de una magistratura burocratizada e ineficaz que hace sarcástica la afirmación del derecho a la justicia, la igualdad ante la ley y la gratuidad de la misma, cuando además todo ello pone en tela de juicio su rigor y seriedad técnica.

No es presentable el que se tarden en liquidar los impuestos de cualquier documento ante la Hacienda meses y meses y otro tanto en inscribirlos en el registro correspondiente, así como que no lleguen a resolverse los trámites y recursos que los mismos puedan suscitar, abusando del silencio administrativo, sin que se amplíen las plantillas de abogados del Estado, notarios, registradores, etcétera, para que los privilegios económico-sociales de estos cerrados cuerpos permanezcan e n el mundo de la casta y les conviertan en los grupos de presión que les caracterizan.

Es sangrante que los trabajadores tarden en percibir, cuando se les reconocen esos derechos, meses y años las cantidades que les corresponden del Fondo de Garantía Salarial, del subsidio de desempleo, de los salarios de tramitación, de préstamos del Fondo de Protección al Trabajo, y que no se verifiquen inspecciones públicas ágiles y periódicas en todas las empresas, para ver cómo se incumplen las leyes sociales, olvidando que en estos supuestos, detrás de cada caso, lo que hay es hambre, frustración humana o insatisfacción y creación de un permanente estado de agresividad.

No es honesto que no se puedan construir viviendas sociales, que no haya un auténtico crédito cooperativo, y mientras hay viviendas de lujo en Madrid, Barcelona, Valencia, etcétera, construidas por ministerios y organismos autónomos para sus jerifaltes, que por las facilidades con que se realizan les resultan a sus beneficiarios al 50% del costo del precio del metro cuadrado en relación con lo que un obrero paga en Leganés, Hospitalet, Baracaldo o cualquier otro barrio obrero de nuestras grandes capitales por una vivienda mala e inhumana.

Es cínico el que la pequeña y la mediana empresa estén abandobadas a su mala suerte mientras el presupuesto del Estado sirve, para reflotar bancos quebrados, sanear empresas demencialmente planteadas y proteger a las doscientas familias tradicionalmente representantes del mundo financiero o se utiliza para financiar las inversiones de las multinacionales en España, privilegiadas además fiscal y crediticiamente.

Moralización de la sociedad

Los ciudadanot de a pie están teniendo también presentes, además de los botones de muestra expuestos, esos dos billones de pesetas huidas a Suiza con la complaciente pasividad del Gobierno; lo que sigue pasando a diario en algunas comisarías con el derecho de asistencia letrada y casi a diario en algunas cárceles, que parecen ya una programada fábrica de suicidas, así como lo que ocurre en la mayoría de los gobiernos civiles con la manipulación del dinero del paro comunitario, y han bomparado los millones de subvención a las céntrales nucleares, del monopolio eléctrico, ton la resistencia a invertir una sola peseta en el campo, o la escandalosa situación de inaplicación de la ley de Fincas Manifiestamente Mejorables.

Todo esto y mucho más se ha de decir sin eufemismos, sin ambages, llamando al pan, pan, y al vino, vino, en lenguaje de clase, y como es una verdad inocultable, las gentes honestas, por conservadoras que sean, reconocerán quiénes son los que tienen la culpa de esta situación y se benefician de ella y quiénes quieren ir democráticamente poniendo fin a la misma.

Ha de descubrirse el uso que del Estado hace una clase u otra.

Algunos tratan ahora, otra vez, y para aguantar lo más posible en sus privilegios, de decirle al PSOE que se modere, porque la moderación es lo que le ha dado el triunfo parcial y le dará el éxito total. Pero al PSOE le dará el triunfo la sinceridad de un análisis de clase, el no disimular la realidad en que nos encontramos y la denuncia con firmeza de cómo funciona el poder político, y hasta el eclesial y bélico, al servicio del interés económico.

En España, de la mano de los socialistas, ha de triunfar la ilusión de una ética de remoralización de la vida política española, frente a la corrupción administrada que ofrece una parte de la derecha y la corrupción más represión que otros añoran y vuelve a renacer de manos no limpias democráticamente.

La reforma de 1976 ha tocado el techo, de no querer tocar nada, y la contra-UCD de la propia UCD la ha sepultado en medio de un estruendoso clamor de ambiciones, en una reyerta vulgar de pícaros y busconas.

El socialismo, hoy y aquí, puede significar por lo menos ese talante de civismo, moralidad, autoridad, solidaridad, honestidad, humildad, modestia y responsabilidad de que este pueblo dejó de oír hablar en el año 1939, con la llegada de los asesinos de la República, que nos han legado su estirpe.

Pablo Castellano es diputado de PSOE por Cáceres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de agosto de 1982