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Crítica:MUSICA CLASICA

Tres maestros en trío

Ya es larga la historia del Trío de Madrid. Como larga resulta su madurez y calidad. No podía ser de otra manera al conjuntarse tres solistas como Joaquín Soriano, Pedro León y Pedro Corostola, cada uno de ellos con alto prestigio de concertistas. No siempre la unión de fuertes individualidades da óptimos resultados en los géneros de cámara, pero el caso del Trío de Madrid es un ejemplo raro de servicio a una idea común, quizá porque- en sus componentes, dotados de alto virtuosismo, domina, por encima de cualquier otra condición, la de ser excelentes músicos, de tanta exigencia en la limpia ejecución como en la adecuación y pureza de estilo.El último concierto del trío en el ciclo de cámara de la Orquesta Nacional ha sido sencillamente precioso. Pocas veces escucharemos un Turina (trío número 2, en si menor, opus 76) tan equilibrado en sus formulaciones ideológicas y formales, tan natural en su continuidad y en los mil matices que animan la expresión. Ante una versión así queda bien claro que una de las más valiosas aportaciones del músico sevillano fue la camerística: sonatas, tríos, cuartetos, quinteto.

Soriano, León y Corostola

Obras de Turina, Beethoven y Mendelssohn. Ciclo de Cámara y Polifonía de la ONE. Teatro Real. 18 de mayo.

Obra de madurez, el segundo trío nos nuestra perfectamente realizado el ideal sintético de Turina: españolismo (andalucismo) radical y técnica personal, ligada en sus orígenes a la línea conceptual de la Schola Cantorum parisiense de Vincent d'Indy. Lo importante es que no se advierta tal afán de fusión, sino que, a partir de los diversos elementos y premisas, se nos dé, con entera naturalidad y máxima depuración, una página de pura musicalidad cuyos valores le otorgan poder de permanencia a través del tiempo y las mutaciones estéticas. El auténtico signo de una gran obra reside precisamente en esto: su poder de perdurar.

El romanticismo, cruzado de clasicismo, propio de Félix Mendelssohn es evidencia, a niveles muy altos -verdaderos niveles de perfección-, en su trío número 2, en do menor, opus 66, que Soriano-León-Corostola exponen en toda su densidad, un tanto enmascarada tras la aparenie ligereza.

En cuanto al Tpío del Archiduque, dedicado por Beethoven a Rodolfo de Austria, toda palabra resultará vana. Basta pensar que algo tan perfecto como el aludido trío mendelssohniano, bastantes años posterior, parece, en la estética y los procedimientos, simple antecedente. Estamos ante un mundo diverso, tanto en el pensamiento -cargado de impulso dramático- como en la forma o en la misma consideración del piano, el violín y el violonchelo como partes de un todo dialogante, contrastante, fuertemente cohesionado y puesto al servicio de una expresividad de cargados tintes, silencios elocuentes, desarrollos orgánicos y técnica variativa tan original como la lucida por Beethoven en sus mejores producciones: las músicas "de la rabia y de la idea".

Tres obras maestras y tres versiones maestras que el Trío de Madrid debió prolongar con muy solicitados encores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de mayo de 1982