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Tribuna:'POP'

Streetboys, alegres chicos cantores

Los Streetboys son cuatro ingleses que un buen día emigraron a Paris. Allí se emplearon en cantar por las calles y, aún más, a grabar un disco que con una canción definitiva (Some Folks) ha llegado incluso al número uno de Grecia. Tal vez por ello y como parte de su gira promocional y europea estamos teniendo estos días la ocasión de verles en varios lugares de la geografia patria, como los ¡pasados miércoles y jueves en el Rock Ola de Madrid.Para decirlo en corto y por derecho, los Streetboys practican una música que combina la melodía tradicional con voces folk y una formación acústica (bajo, guitarra, acordeon y vientos) que gracias al trabajo del saxo adquiere un cierto swing que la hace especialmente agradable de escuchar. Es música campestre, optimista, hurnorada y bastante deliciosa. Las voces y los arreglos instrumentales son ingeniosos y finos y lo mismo pueden ser aceptados corno folklóricos que como dulces cabareteros. Sólo que el local donde actuaron en Madrid y el público que a él suele acudir tiene poco de estas cosas, sino más bien de rock en todas sus manifestaciones del día. Así, los Streetboys se situaron encima del escenario tratando de hacer llegar sus bromas y su música a una gente que parecía más receptiva que entregada y que pasaba de un cierto interés (y valoración) expectantes a momentos de verdadero aburrimiento.

El problema residía en que las bromas iban en inglés (cuando lo intentaban en castellano era peor), en que faltaban elementos como la percusión (que aparece en el disco) y en que, finalmente, no se daban ni el momento, ni la circunsntancia ni, posiblemente, el lugar. Tal vez por ello lo que podía haber sido una actuación llena de agrado y de sonrisas se quedó a medio camino en ambos terrenos, lo cual es algo decepcionante visto lo precioso que es el disco. Ellos, en cambio, se manifestaban satisfechísimos, dispuesto a volver y a mostrarnos que son y serán capaces de evolucionar de enriquecer lo que hoy y en directo es más un proyecto que otra cosa. Ahí les esperamos.

El ambiente bucólico-ciudadano de los Street Boys fue sustituido en la misma sala (viernes y sábado) por el funky caliente y urbano de Funkapolitan, otros ingleses. Donde se tendían bellas melodías surgió ahora un ritmo más o menos desenfrenado, lo que había sido pasto de recogimiento y suave humor se transformó en movimiento corporal.

Y no es que Funkapolitan sea el grupo de los mejores embajadores de su género, pero la pulsación básica del funky puede conseguir que las piedras se muevan, aunque, como era el caso, demasiados fallos prevenían del éxtasis bailón. Fallos que se centraron básicamente en la inoperancia de un bajo que suele ser elemento fundamental en este tipo de música y que aquí hacía el papel de rémora que ralentizaba el conjunto. Está bien que vengan el folk, el funky o la bossa nova. Ahora sólo queda esperar que nos llegue lo mejor de cada estilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de febrero de 1982