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Tanner: "Odio el naturalismo en el cine"

El director suizo presentó en Madrid su última película, "A años luz"

El realizador suizo Alain Tanner declaró anteayer en Madrid queen sus películas siempre parte de lo cotidiano, «pero no lo trato de una forma realista o naturalista, sino que me interesa poner otro elemento que generalmente es una cierta utopía; odio muchísimo el naturalismo en el cine». También se definió como «un militante del cine», en el curso de una conferencia de Prensa, de hora y media de duración, celebrada en el cine Alphaville, donde se proyecta A años luz, su última película, premiada en el pasado Festival de Cannes.

Alain Tanner, de 52 años, natural de Ginebra, cambió los estudios de Ciencias Económicas por el cine. Después de trabajar en una compañía de navegación, marcha en 1955 a Londres, donde colabora durante dos años en el British Film Institute y rueda con Claude Goretta el corto Nice Time. Realiza para la BBC una serie de seis documentales. Después de ser ayudante de dirección en París, vuelve a Suiza, donde rueda cerca de cuarenta reportajes para la televisión. A partir de 1969 dirige Charles vivo o muerto, La salamandra, El regreso a Africa, Le milieu du monde, Jonás, que tendrá 25 años en el año 2000, Messidor y A años luz, la mayoría de ellas conocidas en España.Es la primera vez que Tanner visita Madrid, donde se enteró de la aceptación de sus películas, en especial de La salamandra, por los jóvenes directores españoles. Manifestó que en toda su obra está presente un cierto sentido del humor y la ironía, cambiante según el país donde ruede sus películas. «El humor es peligroso cuando se ejerce en términos de ideología, porque es una especie de confesión de debilidad. El abuso del humor se puede convertir en cinismo, y éste es para mí el sentimiento más ajeno.

Su última película, A años luz, basada en la novela La voie sauvage, de Daniel Odier, es una producción franco-suiza, rodada en Irlanda y protagonizada por Trevor Howard y Mick Ford, en los papeles del maestro y del aprendiz, asunto principal de la película. Tanner confesó que fue un rodaje difícil, por las características de su forma de trabajar, con pequeños equipos y planos secuencia, frente a los hábitos de los actores ingleses.

«Sobre mis anteriores películas», manifestó Alain Tanner, «tenía claro en qué punto se dividía el público. Los que vieron Jonás eran cercanos a los personajes o al discurso de la película. Messidor fue atacada por la extrema izquierda, que me trataron de fascista. Las posturas frente a A años luz no coinciden con un terreno ideológico, sino que es pasional e incluso amoroso. Es la primera vez que recibo cartas de amor sobre una película. Yo no hago filmes por razones filosóficas, nacen de las vivencias personales, como una fruta madura. Me preocupan poco los aspectos temáticos, prefiero las cosas más materiales, como el trabajo con los actores o el sentido sensorial del paisaje.

Sobre la evolución de su cine, Tanner manifestó que para un realizador es difícil situar dónde se encuentra su propia línea, ya que la evolución depende más de circunstancias exteriores, «que hay que integrarlas en el trabajo personal, en lugar de adaptárse a ellas, y utilizarlas de la mejor manera posible, ya que forman parte del trabajo del cineasta. Creo que nunca me he apartado de una línea de trabajo personal».

"Soy un militante del cine"

«No tengo ningún gran mensaje para entregar al mundo», manifestó Tanner cuando se le preguntó si el asunto de sus películas era la búsqueda de la felicidad. «Trato de reflejar mi vida, lo que ocurre en mi familia y en la sociedad, lo que leo en los periódicos, las dificultades de todos los días. Soy un militante del cine. La gente que quiere cambiar el mundo tiene que hacerlo primero con el trocito que le rodea. Intento luchar para que se pueda hacer un determinado tipo de cine que permita la libertad, porque sin libertad no hay creacion, aunque cada vez este sector está más amenazado y restringido. En lo que se refiere al lenguaje cinematográfico, creo que he inventado algunas cositas. Si tengo alguna influencia en otros cineastas, es por la manera de trabajar, ya que no he creado ninguna escuela».

Tanner admitió el carácter ecológico de A años luz, aunque está más interesado por la relación entre el padre y el hijo, el viejo y el joven. «La educación del joven por el viejo es la iniciación. A partir de los años sesenta, según las teorías modernas de la educación, se abandonó esta forma de transmisión de conocimientos. Hoy, a través de la sociedad de consumo y la influencia de la publicidad, se enseña a los niños que nada se aprende, sino que todo se puede comprar. Pienso que el conocimiento se paga a un precio muy alto».

En su próxima película, Tanner realizará su proyecto más personal y subjetivo, al partir de las imágenes en lugar de las ideas, como es habitual en su cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de diciembre de 1981