El régimen turco cumple un año, sin que la democracia parezca cercana

Agencias

Hoy se cumple el primer aniversario del golpe de Estado que instauró un régimen militar en Turquía, sin que existan indicios de un próximo retorno a un sistema democrático. Acabar con el terrorismo y estabilizar la economía fueron los principales objetivos que se marcaron los generales golpistas; pero si el primero de ellos casi ha sido alcanzado, en el segundo los progresos son insuficientes, a juicio de los medios financieros turcos.

El 12 de septiembre de 1980 los militares derrocaron al Gobierno que presidía Suleiman Demirel e implantaron un Consejo Nacional de Seguridad, con el general Kenan Evren al frente. El Parlamento fue disuelto, los partidos políticos suspendidos, al igual que los sindicatos, mientras era decretado el toque de queda y extendido a todo el país el estado de sitio. El Consejo Nacional de Seguridad, formado por los comandantes en jefe de los tres ejércitos y de la gendarmería, se encargó de "ejercer las funciones legislativas hasta la elaboración de una nueva Constitución"

Para tranquilizar a la opinión internacional, especialmente a la europea, que ponía trabas a la concesión de ayuda al régimen militar, el general Evren anunció el pasado mes de junio la formación de una Asamblea constituyente, encargada de elaborar una nueva Constitución. Pero el jefe del Estado ha reiterado que "el Ejército no regresaría a sus cuarteles hasta que hubiese restaurado la paz en la nación".

Esta Asamblea constituyente tendrá 160 miembros, que serán elegidos por cooptación. Todos los dirigentes de los partidos políticos tradicionales han quedado excluidos de esta cámara, que sólo tendrá un papel consultivo. La Asamblea elaborará una Constitución de carácter presidencialista en el curso del próximo año; luego habrá un referéndúm para ratificarla. Las elecciones presidenciales y legislativas, "libremente organizadas", según los militares, tardarán bastantes meses en celebrarse, ya que el general Evren ha dejado claro que, previamente, deberán ser restaurados la "paz y el orden".

Aunque el número de víctimas del terrorismo ha disminuido sensiblemente, sigue siendo lo suficientemente elevado como para que los militares justifiquen la permanencia del estado de sitio. Mientras que en los veintiún meses anteriores al golpe militar perdieron la vida 4.000 personas, en el año que los generales llevan en el poder han muerto quinientas, de las cuales 55 son policías.

Los grupos terroristas de extrema izquierda han quedado reducidos a la mínima expresión y centenares de sus militantes han sido detenidos. Los movimientos "idealistas" de extrema derecha, que dependen del Partido de Acción Nacionalista (PAN), presidido por el coronel Alpaslan Turkes, han sido desmantelados.

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Al margen de la lucha contra el terrorismo, la represión contra la actividad "ilegal" de algunos partidos políticos ha significado la detención de 1.500 milítantes del Partido Comunista turco (pro Moscú) en los últimos seis meses.

Además, están en curso tres procesos contra veinticuatro dirigentes del Partido Obrero y Campesino (pro chino), contra los líderes del Partido de Salvación Nacional (derecha islámica) de Necmettin Erbakan y, finalmente, contra. la central sindical DISK (próxima al partido comunista). En este último proceso han sido pedidas 42 penas de muerte, incluida la del presidente de la citada organización.

Gracias a la supresión de toda actividad sindical y la detención de millares de sindicalistas, el régimen militar ha podido aplicar el plan de austeridad que, inspirado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), se basa fundamentalmente en el bloqueo de salarios, la disminución del papel del sector público y continuos ajustes monetarios.

La inflación ha sido reducida al 40%, cuando en 1980 había alcanzado el 106%. Sin embargo, la situacion economica sigue siendo precaria. El fuerte incremento de las exportaciones y la reducción de las importaciones no han sído suficientes para frenar el aumento de la deuda exterior, que ha aumentado en el último año en 1.300 millones de dólares (cerca de 130.000 millones de pesetas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 11 de septiembre de 1981.

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