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Reportaje:CIENCIA

Presentación de un plan sectorial de desarrollo de la física de altas energías en España

Ayer fue clausurado en Madrid el Encuentro sobre «Física de altas energías y su relación con el CERN» (Centro Europeo de Investigaciones Nucleares), que, organizado por el Grupo de Altas Energías de la Junta de Energía Nuclear, contó con la asistencia deldoctor Erwig Schopper, director general del citado organismo europeo. En contra de lo esperado (véase EL PAÍS del pasado 6 de septiembre), el profesor Schopper no trajo consigo (o no quiso hacerla pública) una propuesta concreta para el reingreso de España en el CERN, único organismo científico europeo al que no pertenece nuestro país.

Sin embargo, la simple presencia en Madrid del director general del organismo, de su jefe de compras, doctor Espinosa, y de uno de sus más brillantes investigadores, español por cierto, doctor Alvaro de Rújula, significa que no sólo se trata de «un primer contacto», como dijo el director general de CERN, sino que probablemente el encuentro de ayer en la Junta de Energía Nuclear supone el primer paso de una integración de la ciencia española en la física europea y mundial, deseada y apoyada no sólo por todos los físicos experimentales y teóricos de España, sino también por los más importantes partidos políticos de nuestro país (expresaron su apoyo al reingreso de España en el CERN representantes de UCD, PSOE y PCE). Es, pues, evidente que ambas partes, el CERN, por un lado, y los responsables de la ciencia española, por otro, coinciden en la pertinencia del reingreso de nuestro país. Es de esperar que las habituales trabas administrativas no frustren, con un retraso de consecuencias seguramente muy negativas cara al futuro, una incorporación que, en palabras del propio Erwig Schopper, «nunca pareció tan oportuna como ahora», al encarar el CERN una importante etapa de su vida científica como es el proyecto LEP, acelerador de partículas de casi treinta kilómetros de diámetro, por debajo del Jura franco-suizo, y cuya construcción costará, de aquí a 1987, unos 50.000 millones de pesetas.

La reunión de trabajo de ayer tenía por objetivo la exposición ante los representantes gubernativos de los ministerios de Educación y Ciencia, Economía y Comercio, Asuntos Exteriores e Industria y Energía, de un plan sectorial de desarrollo de la física de altas energías (AE), así como el papel desempeñado por el CERN en la investigación mundial y las implicaciones tecnológicas que de ésta se desprenden. El plan sectorial. prevé la creación de un Instituto Nacional de AE, para desarrollar en España los proyectos que nuestra reincorporación al CERN nos permitiría elaborar. En contra de lo que a primera vista pudiera parecer, por su relación directa con un organismo como la Junta de Energía Nuclear, la física de altas energías no tiene nada que ver con la explotación industrial de la energía nuclear de fisión, ni siquiera con la propia energía nuclear, teóricamente considerada. En efecto, la física de AE busca conocer la estructura última de la materia, analizando las partículas que componen los núcleos atómicos, muy especialmente la constitución del protón y del neutrón, a su vez formados por asociaciones de otras partículas más elementales. Esta física, también llamada de partículas elementales por esta causa, va pues mucho más allá de la física nuclear, y por ello recibe igualmente el nombre de física subnuclear. El término altas energías proviene de la necesidad de obtener choques extremadamente energéticos entre partículas nucleares para poner de manifiesto la presencia de las partículas elementales. En general, puede decirse que cuanto menor es el tamaño de la partícula buscada, mayor es la energía que hay que utilizar para ponerla de manifiesto.

El momento actual de la física de AE es muy interesante, según explicaba el doctor De Rújula en su conferencia, debido a que las predicciones de los físicos teóricos están siendo comprobadas por los físicos experimentales, y se espera que en un plazo no superior a diez años quedará desvelada la compleja estructura de la enorme familia de las partículas elementales. En efecto, tras el conocimiento de las partículas básicas del átomo (electrones orbitando alrededor de un núcleo formado por protones y neutrones), aparecieron diversas partículas, de masa, carga y energía muy diversa, cuya existencia planteó a los teóricos dificultades sin cuento. Más de trescientas de estas partículas están catalogadas hoy día, pero los físicos enunciaron recientemente una teoría sumamente satisfactoria según la cual sólo cuatro partículas elementales (electrón, neutrino, quark up y quark down) estarían en la base de formación de cualquier otra partícula de materia, y otras ocho partículas elementales explicarían la existencia de las partículas de antimateria conocidas o por conocer. Con ello, la estructura final del universo, en su extremo más pequeño, quedaría satisfactoriamente explicada, y nada impide a la imaginación pensar en futuras aplicaciones prácticas de estas posibles fuentes de energía subnuclear.

De hecho, la existencia de las partículas no lo explica todo, y los físicos teóricos pretenden igualmente explicar la unidad de todas las fuerzas que mantienen unidos a estos elementos constitutivos de la materia. Hasta ahora se ha conseguido demostrar que la electricidad y el magnetismo eran manifestaciones distintas de una misma cosa, llamada electromagnetismo. Por otra parte, las fuerzas o interacciones nucleares débiles son una forma distinta de fuerzas electromagnéticas, y la teoría de las interacciones débiles englobando a las electromagnéticas les valió el Nobel en 1979 a Salam, Glashow y Weinberg. Una teoría posterior, aún pendiente de demostración experimental (el proyecto LEP del CERN no es ajeno a la posibilidad de demostrarla), indica la identidad entre estas fuerzas unificadas, llamadas electrodébiles, y las interacciones fuertes, que mantienen unidas a las partículas elementales. Si la teoría (llamada cromodinámica cuántica) se confirma, los científicos habrán conseguido unificar cuatro fuerzas aparentemente distintas: electricidad, magnetismo, interacciones débiles e interacciones fuertes. Quedaría sólo la unificación con las fuerzas gravitacionales para conseguir el viejo sueño, acariciado durante los últimos treinta años de su vida por Einstein, del campo de fuerzas unificado. Una vez más, la investigación fundamental, que sólo busca saber, puede depararnos insospechadas aplicaciones tecnológicas con las que la imaginación no puede ni siquiera soñar. No hay que olvidar la anécdota de lord Rutherford, uno de los físicos que sentaron las bases de la estructura interna del átomo, hace menos de un siglo, cuando afirmó solemnemente que la energía que pudiera obtenerse de la ruptura de los átomos jamás podría ser explotada industrialmente.

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