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Manifiesto de 52 premios Nobel contra el hambre en el mundo

Soledad Gallego-Díaz

Cada año, cuarenta millones de personas mueren en nuestro planeta víctimas de la malnutrición y el hambre. Los medios de comunicación, los organismos internacionales recuerdan periódicamente esta cifra aterradora sin que provoque otra reacción que un escalofrío momentáneo y un cierto sentimiento de impotencia. Y, sin embargo, todo el mundo sabe que la sociedad industrializada de nuestro siglo posee los medios para acabar con tanta barbarie.

Cincuenta y dos premios Nobel se han unido para proclamarlo a los cuatro vientos en un manifiesto que será hecho público hoy en Bruselas, Ginebra, Nueva York, París y Roma, en el que se lanza un llamamiento, a la vez amargo y esperanzado, para que todos los hombres y mujeres, cada uno de acuerdo con sus propias responsabilidades, impida la consumación de este holocausto anual.El llamamiento, que parte de una iniciativa del Partido Radical italiano, ha sido ya recogido por un hombre de Estado: el anciano Sandro Pertini, presidente de la República de Italia, ha enviado una carta, que será leída en las cinco capitales, junto al manifiesto, en la que reconoce que la «matanza de inocentes víctimas del hambre pesa como una condena sobre la conciencia de todo hombre de Estado y también sobre la mía».

"Vaciemos los arsenales y llenemos los silos de grano".

La carta del viejo socialista italiano no oculta que esa lucha en favor de la vida sólo es posible sustrayendo fondos de los presupuestos militares.El manifiesto de los premios Nobel está firmado, entre otros, por Vicente Aleixandre, Samuel Beckett -que ha salido de su legendario aislamiento para unirse a esta iniciativa-, Heinrich Boll, Eugenio Montale, Czeslaw Milosz y las Mujeres para la Paz, de Irlanda del Norte, así como por los más destacados economistas, médicos y científicos occidentales.

Su llamamiento no se limita a la mera constatación de la situación actual -«holocausto sin precedentes, cuyo horror contiene en un solo año todo el horror de las matanzas conocidas por nuestra generación en la primera mitad de este siglo-, sino que propone acciones concretas, objetivos puntuales y precisos para una lucha realista que permita llevar a cabo "lo posible". Es necesario rebelarse contra el falso realismo que conduce a resignarse ante la fatalidad, cuando en verdad esa realidad es el producto de la política y el desorden establecido». «No se trata», explican, «de políticas de beneficencia, que proporcionan buena conciencia y no salvan a nadie, ni de utopías crueles y estériles que sacrifican a los hombres de hoy en nombre de un proyecto de hombre y de sociedad ».

Los premios Nobel proponen que los ciudadanos escojan y voten responsables políticos, parlamentarios, gubernamentales o internacionales, que presenten nuevas ley es, nuevos presupuestos o nuevas iniciativas que tengan como objetivo inmediato y prioritario la salvación de millones de seres humanos de la malnutrición y el subdesarrollo.

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