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Irlanda del Norte tras la muerte de Bobby Sands

La lucha por el estatuto de preso político

Andrés Ortega

En 1972, el Gobierno británico introdujo la política de internamiento, con detenciones masivas y juicios sin jurado, ya que las condiciones reinantes en el Ulster no lo permitían. Presionado por los presos, les otorgó un estatuto especial, que el Gobierno laborista suprimió en 1976, cuando se decidió por una política de «criminalización» del terrorismo. Los condenados antes de marzo de 1976 siguieron disfrutando del estatuto especial, pero desde entonces los nuevos presos republicanos norirlandeses han luchado por volver a conseguir un estatulo similar, es decir, político.La lucha cobró primero la forma de «la protesta de la manta», ya que los presos se negaron a vestirse con los uniforrnes que les proporcionaban las autoridades carcelarias, y posteriormente la huelga se convirtió en una «protesta sucia», manchando paredes y suelos con sus excrementos. Este tipo de acción, llevada a cabo por cuatrocientos de los setecientos presos republicanos de la cárcel de Maze, fue abandonada en abril de este año para concertar toda la atención pública en la huelga de hambre que comenzó Bobby Sands.

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Las reivindicaciones de los presos se basan en cinco demandas:

1. El derecho a vestirse con su propia ropa, algo a lo que están autorizadas las mujeres de la cárcel de Armagh, y los presos de la cárcel de Porth Laoise, donde están concentrados los condenados en el Eire por delitos terroristas. El Gobierno británico quiere que los presos lleven la ropa de tipo civil que se les proporciona durante las horas de trabajo, y su propia ropa, si así lo desean, el resto del tiempo. Una lucha de símbolos que parece no tener ninguna solución, ya que las partes no están dispuestas a ceder.

2. El derecho a la libre asociación y a organizar su ocio. Los británicos no quieren formalmente otorgar este derecho, que existe de hecho. El IRA Provisional tiene su propia estructura de mando en la cárcel, y ésta es reconocjda por los guardias de la prisión. En diciembre, cuando la última huelga de hambre, el comandante de los provisionales de la cárcel, Bobby Sands, negoció en cuanto tal con las autoridades británicas.

3. No quieren realizar trabajos obligatorios, sino poder organizar su tiempo como les parezca, educándose o, todo hay que decirlo, entrenándose en las artes marciales. Pero en Porth Laoise este derecho se observa meticulosamente. En el acuerdo a que llegaron las autoridades británicas con los presos en diciembre se decía que «el trabajo no debe ser interpretado de un modo estrecho».

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4. Los presos exigen una carta, un paquete y una visita por semana. Bajo las regulaciones actuales, tienen derécho a una carta y a una visita por mes, más, como privilegio, siete cartas, tres visitas y cuatro paquetes por mes, si cumplen con el reglamento de la prisión. Este no es, pues, un problema serio, y los presos se conformarían con lo que tienen si llegaran a un acuerdo con las autoridades.

5. Exigen asimismo la revisión de las penas perdidas cuando la protesta de estos últimos años, algo que los británicos han prometido examinar.

Como puede observarse, hay algo más detrás de esta demanda de lo que una simple exposición muestra. De lo que se trata es de que los republicanos terroristas no quieren que se les trate como a vulgáres criminales, sino como prisioneros de guerra. El Gobierno británico ha logrado meter en la cárcel a los elementos más radicales militantes del republicanismo, pero, en contra de lo que pasaría con vulgares criminales, éstos han decidido llevar la lucha al interior de la prisión. Así se han convertido en un elemento mucho más embarazoso y peligroso para los británicos que los pocos pistoleros que quedan en libertad.

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