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Crítica:MÚSICA CLÁSICA

La agilidad del guitarrista

Pocas veces escucharemos tan bien interpretado el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, como en el último programa de la Sinfónica de RTVE. Diego Blanco, Premio Reina Sofía 1979, es un formidable guitarrista y un excelente músico. Nieto de Segovia a través de las enseñanzas de su discípulo sueco, el profesor Dan Greholm, Blanco logra la traducción más refinada, seria y, a la vez, expresiva del más vendido rodriguero. Y en cuanto a la técnica mecánica (si es que puede emplearse el término en la guitarra), es tan ágil como segura, hasta dar una impresión de máxima facilidad. El éxito fue grande y a él contribuyó la colaboración de García Asensio.Hace dos años (enero de 1978), García Asensio dirigió el Concierto para piano de José María Morales, compositor madrileño (42 años), formado en Madrid con Calés, Arámbarri y Rodríguez Albert. Ahora, el mismo director nos presenta otra obra de Morales, la Suite para orquesta, en tres breves y contrastados movimientos. Como en otras ocasiones, el autor insiste sobre la sinceridad de su música, valor que no hay por qué discutirle ni a él ni a ningún otro. Hace mal en tal insistencia, pues, quiera o no, suena un tanto a justificación de la estética que practica, decididamente tradicional y tocada de un convencionalismo propio de las músicas funcionales (cine, TVE), aunque realizada con brillante oficio y seguro manejo de la orquesta. García Asensio llevó la página con convicción y eficacia.

Diego Blanco

Orquesta y Coro de R TVE.Director: García Asensio. Solistas: Diego Blanco, L. Dávila, W. Reeder, A. Blancas y Lieuve Visser. Obras de Morales, Rodrigo y Mendelssohn. Teatro Real 7 y 8 de marzo

Bien trabajada, brillante en sus diversas coloraciones, manteniendo con firmeza el formidable pulso mendelssohniano, Enrique García Asensio hizo uno de sus mejores trabajos en la presente teniporada con La primera noche de Walpurgis, del autor de la Sinfonía italiana.

Se trata de una suerte de cantata a lo largo de la cual el compositor parece tocar una serie de temas favoritos que, a su vez, aparecen en el texto de Goethe, desde canciones primaverales de espíritu scherzante a evocaciones de brujas y hechiceras por las cuales -escribe a su hermana desde Roma en 183 1 -, «siento, como bien sabes, una especial debilidad». Cuatro solistas (contralto, tenor, barítono y bajo), gran coro y orquesta, desarrollan el texto goetheano en una sucesión de escenas caracterizadamente románticas y, a la vez, moderadas ante cualquier exceso, como fue peculiar en Meldelssohn. Particular belleza encierra la abertura.

Con el barítono Antonio Blancas, que merece ser citado en primer lugar por belleza de voz, técnica y estilo, fueron solista la contralto Lucilla davila (de buenos medios), gallega de origen y residente, hasta no hace mucho, en Uruguay; el tenor norteamericano William Reeder y el bajo holandés Lieuwe Visser, ambos de gran mérito en todo sentido. El coro de RTVE (que dirige Pírfano) hizo una de sus más valiosas aportaciones en el curso que anticipadamente termina y todos obtuvieron un éxito verdaderamente notable, como lo tuvo la Suite de Morales, que saludó repetidas veces desde la escena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de marzo de 1981