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Tribuna:SPLEEN DE MADRID

La basca

No he querido escribir este Spleen hasta hoy por dejar que se me depurase de emociones y emotividades el rollo de la basca, el tema del personal, la emoción cacofónica de la manifestación.El cheli, que no vale para nada, vale para encontrar palabras nuevas y rudas como ésta, la basca, que no es exactamente la multitud, ni la masa, ni el mogollón, ni el personal. La basca es un grupo de cinco o de millón y medio de personas al que le ha dado la basca, al que le dan bascas de emoción, de libertad, de democracia, de patriotismo o de partidismo. La basca, palabra nueva y que Manuel Seco considerará espúrea, es la única que puede Contener en sí millón y medio de gentes emocionadas, conmocionadas, hermanadas, autoconvocadas. Sólo una oración completa podría sustituir a esta palabra. Máximo, con su genial laconismo, lo ha llamado «golpe civil». Inmenso golpe de silencio civil y grito ciudadano, que era la ciudad la que gritaba, eran las viejas piedras grises y blancas de Colmenar. Por Ana Belén me llega (no podía ser otra), en plena manifestación, un juego de palabras casi infantil:

-Hoy Tejero más que ayer, pero menos que mañana.

Desdichadamente, es verdad. Al día siguiente de la fastuosa movida (otro término cheli para contener lo incontenible), ya hay quien habla de las «plumas negras» de este periódico. Solamente marengo, señora, tampoco hay que pasarse. De modo que, depurado de emociones, decantado de multitudes, me queda eso que Santa Teresa llamaba «una pena penetrativa», y Erasmo, «una sutilísima sutileza». O sea, que ya no somos las dos Españas de los dos frentes eternos, sino, sencillamente, la España que quiere más madera y la España que sólo quiere paz y libertad. Buero-Vallejo me hace reparar en un eslogan que yo ya había entreoído a la basca:

-Si el pueblo no está aquí, el pueblo dónde está.

Dos heptasílabos agudos, perfectísimos, cultos, sospechosos como populares. Pero no hay sospecha, porque esto es, era también, una manifestación de intelectuales, de burgueses, de poetas. La Prensa extranjera que me visita estos días habla de España como de una «República coronada». No, no era la gran movida una proclamación de la III República, sino -más lejos- algo así como la Revolución burguesa que Francia -Europa- hizo a su tiempo, y España no. La gabardina casi militar de Fraga rozándose con el cheviot rozado de Camacho establece una comunicación eléctrica pueblo/ burguesía que el propio secretario de Fraga, señor Verstrynge, reciclaba como consigna tan madrileña y tan popular:

-Esto es otra vez el «no pasarán».

El máximo grito numantino del Madrid republicano, invocado por un dirigente derechista, civil, civilizado, supone una tesis/antítesis más feliz y sutil que los meros contrastes puño/Rey registrados por algunos fotógrafos. Pena penetrativa de que esta procesión cívica (toda la Historia de España pasando a paso de paseo por el escalextric de Atocha) no les sirva a los fanáticos de sí mismos para una reflexión a la temperatura de¡ tiempo. Yo se lo decía a la basca cuando estábamos en lo alto del puente:

-Cuidado, a ver si se cae, que éste lo hizo Arias Navarro y no lo hizo para rojos.

Pero no era la revolución roja lo del viernes, sino la revolución burguesa pendiente y a pie. Desde la Banca impermeabilizada al pasotismo militante de árboles, farolas y cornisas de la Historia. Estuve un rato enganchado a los eslabones humanos del servicio de orden, ayudando un poco, ya por Neptuno. Baño de multitud, oreo de personal, inmersión en la verdad colectiva, ascensión inversa a los cielos laborables de la población. Todo absuelto en la voz grave y emotiva de Rosa Mateo, hija de militar, metáfora femenina de una nueva sociedad. O sea, la basca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1981