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Noche inolvidable en Belfast

Era una noche brumosa, otoñal, de Belfast, allá por el año 1964, un Belfast donde ya recrudecían, las luchas entre protestantes y católicos, y la desesperanza y el paro aumentaban. Yo, de verdad, no tenía ganas de ir al concierto, puesto que coincidía con un acto en el departamento de español de la universidad. Pero mis amigos de la BBC insistieron. Y fui.Noche inolvidable. Fue la primera visita de los Beatles a Irlanda. Nosotros conocíamos sus canciones, claro está -She loves you, From me to you y I want to hold your hand-, pero ellos no habían aparecido fisicamente en ninguna escena de la verde isla, no habíamos tenido la posibilidad de conocer de cerca lo que significaba aquel fenómeno.

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Aquella noche sí lo comprendimos. Cuatro chicos que, más que talento, tenían genio, genio como músicos, como poetas, y que en la variedad de su arte tocaban todas las gamas de la emoción. Además, en Belfast, aquejado de problemas industriales, el hecho de que los Beatles fuesen de Liverpool, ciudad casi hermana, tenía una importancia simbólica que no se le escapaba a nadie.

Los Beatles habían conquistado la fama naciendo desde el barrio de Liverpool. Eran self-made-men, y en su irresistible ascensión parecían expresar las esperanzas de los oprimidos. Aquella noche llenaba el auditorio un ambiente carismático que nunca había experimentado antes, o sólo posiblemente en alguna reunión evangelista.

Rememorar ahora aquella noche, y aquellos años sesenta, causa tristeza, pues eran tiempos en los cuales Inglaterra o, mejor dicho, Londres, expresaba de repente e inesperadamente una vitalidad de la cual los Beatles no representaban sino un aspecto, aunque el aspecto más notable. Era la época de Carnaby Street, de las melenas, de la maravillosa y reveladora minifalda de Mary Quant, del swinging London que atrajo a oleadas de turistas desde dinales.

Y ahora al pobre John le han quitado de en medio. A John, que fue el más filósofo del grupo y, acaso, el más triste, en el fondo. ¿Por qué? ¿Por envidia? ¿Por error? ¿Por ninguna razón?

Lo cierto es que de Lennon nos deja harto consuelo no sólo su memoria, sino su música, maravillosa música, con la cual él y Paul modificaron la sensibilidad de una época.

Ian Gibson, escritor, es un hispanista que ha estudiado a fondo la obra de García Lorca y, por otra parte, ha publicado ensayos sociológicos sobre comportamientos en las islas Británicas.

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