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Editorial:

El Nobel desconocido ...

LA CONCESIÓN del Nobel de Literatura, como el de la Paz, parece no escapar a influencias derivadas del contexto de la política internacional. Otras disciplinas estrictamente científicas permiten que tan reputado premio se otorgue con, criterios menos nebulosos, y, a la postre, es comprensible que quienes trabajan por la paz en el mundo o por la comprensión o transformación de la sociedad mediante la creación literaria. sean sujetos de interpretaciones políticas partidistas. No obstante, la Academia Sueca, desde hace al menos cuatro años, parece haber consolidado el criterio de no separar la concesión del Nobel de Literatura de aquellas consideraciones políticas. Por acción o por omisión. Podría pensarse así que eternos candidatos al galardón universal, como Borges, Greene o Senghor, no reciben su premio bien por su tácita aceptación de la dictadura argentina, el pesimismo judeocristiano de un católico converso o la aceptación de una «negritud» influenciada por Occidente y, en concreto, por Francia.El Nobel de Literatura entonces empieza a encontrar recipiendarios entre grandes literatos de acusada inclinación lírica, solitarios forzados del lenguaje y prácticamente desconocidos fuera de sus países y sus idiomas. Desde Aleixandre (a quien no quita mérito la suposición de que la Academia Sueca intentó primar la incipiente democratización española) hasta el lituano-polaco Czeslaw Milosz de este año, pasando por Singer o Elytis.

Se dice premiar con este Nobel la lucha contra el totalitarismo de un resistente del nazismo y del estalinismo, argumentos antes morales que literarios, aunque, sin duda, válidos. Indirectam ente también se premia en Milosz a un disidente del Partido Comunista polaco y un exiliado político de su patria en un momento en que Polonia se encuentra convulsionada por un movimiento obrerista de inspiración nacionalista y católica que puede acarrear graves problemas a una comunidad que ocupa el lugar de frontera física entre las dos Europas.

El caso es que en la feria de Francfort, en la que se encuentran representadas las mejores editoriales del mundo, sólo se ha podido encontrar un libro del nuevo y desconocido Nobel de Literatura. Una opción intelectual que se ofrecía cada año al mundo y que se ve un punto degradada por presumibles influencias políticas y por el paulatino alejamiento de la Academia Sueca de unos autores que unen a la calidad de su reflexión intelectual sobre los problemas del hombre una amplia aceptación popular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 1980