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Antipresentación poética de Xaime Noguerol

Desde hace tiempo, y como quien no quiere la cosa, el antiguamente llamado gran arte se ha lanzado a los brazos del espectáculo cuando trata de presentarse a sí mismo. Esto fue lo que ocurrió el pasado jueves en la sala Sol, cuando Xaime Noguerol, cantante y poeta gallego, mostraba al público su libro Extraños en el escaparate.Antes, y aunque los dadaístas fueron una excepción igualmente divertida, los asuntos intelectuales pasaban más por la sanción de la academia de turno que por la animación del personal. Graves y solemnes eran las exposiciones pictóricas, las muestras poéticas o las de ensayos intelectuales.

Nada de eso ocurrió en el Sol. Estaba previsto que la presentación de Extraños en el escaparate fuera una fiesta. No llegó a tanto, pero le faltó muy poco. Por allí tenían que haber aparecido un mago, un mimo y un numerito de strip-tease: Pasapoga a la moderna, que se dice. Pero las dificultades en el montaje del equipo de los grupos de rock que también participaban en el acto desplazó al cabaré. No se sabe muy bien cual es la relación entre ambos hechos, pero así nos fue comunicado.

Mientras se esperaba una hora a que comenzara aquello (esta es una característica del país que se conserva en todos los círculos y ambientes) alguna gente repartía el libro, un libro que, con portada de Ceesepe y dibujos de él mismo, de Agust y de Antonio Lenguas, y fotos de Alberto Alix, combina textos del rock y del pop con los propios de Xaime Noguerol, que habla de todo, que lo mezcla todo como efectivamente está mezclado en la realidad.

Y realidad eran unos presentadores poco ocurrentes (es la parte del show que todavía no dominamos para nada), como realidad eran los grupos Pasarela, que hicieron blues inglés antiguo o Glutamato Yeye, que no se les escuchó, o el Aviador Dro, en traje de verano, o Juanma y los Terribles, tocando rock-and-roll. Heterogéneo, caótico, raro. Porque allí se estaba presentando un libro que no se presentó, o la cultura olvidándose un poco de sí misma. Entre cubata y cubata y con interés variable discurrió lo que, en principio, estaba condenado a la rigidez. Como la inauguración de la exposición de Hortelano, la de Ceesepe, Umbral y otros artistas de menor cuantía, lo de Noguerol fue una bofetada al oficialismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de junio de 1980