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ENTREVISTA

Ricardo de la Cierva: “Seré un ministro continuista”

El nuevo titular de Cultura tratará de evitar el "dirigismo" del Estado en temas de su departamento

El nuevo ministro de Cultura, Ricardo de la Cierva, tomará hoy posesión de su cargo y tratará. en el desempeño del mismo. de seguir una política continuista con respecto a la que han llevado a cabo sus antecesores en el cargo Manuel Clavero y Pío Cabanillas. De este último tomará, sobre todo, su obsesión por el «no dirigismo» cultural, y de ambos tratará de aprender a trabajar en equipo, según declaró ayer a EL PAIS el nuevo titular de Cultura. La primera jornada del ministro, aunque sin jurar el cargo todavía, se inició ayer con su asistencia al entierro del pintor español Benjamín Palencia, uno de cuyos cuadros compró recientemente el señor De la Cierva, en cuya casa de las afueras de Madrid cuelga hoy la obra del paisajista fallecido.

Pregunta. Usted llega a este Ministerio procedente del campo de la cultura. ¿Qué le puede aportar este echo a su dedicación política inmediata?

Respuesta. Estaba tan alejado de una perspectiva ministerial en este momento que estoy, tratando de entrar en ella. Yo creo que el hecho de ser un profesional, de la cultura facilita mucho las cosas en un Ministerio como éste, que además conozco bastante por haber estado ligado a él en una época anterior.

P. No hace demasiado tiempo usted declaró que mantenía « desacuerdos democráticos» con la política cultural llevada a cabo por el ministro Clavero, su antecesor en el cargo. ¿Puede matizar hoy cuáles eran esos desacuerdos?

R. Todo desacuerdo se fundamenta en un acuerdo. Sobre todo en personas que pertenecemos al mismo partido y que además hemos mantenido una relación personal especialísima. Los dos somos catedráticos de Universidad, aunque él es más veterano en ese campo. Los dos provenimos del campo de la cultura. El me hizo un inmenso servicio cuando se planteó la preautonomía murciana, entonces publiqué yo un artículo que para mí es memorable, porque lo sentí profundamente, y que se tituló El nacimiento de una región. Manuel Clavero abrió un dossier sobre la región murciana precisamente con ese artículo. El consiguió salvar multitud de obstáculos que había para conseguir la vía autonómica para una región uniprovincial. Le llevé yo precisamente a Murcia, y tuvo allí una actuación muy importante. Me llevó a Sevilla en un momento muy difícil de mi vida. cuando yo lo estaba pasando bastante mal en mi vida política, y me brindó una conferencia en la Universidad de Sevilla, presidida por él como rector. Aquello supuso para mí un impulso moral de primer orden que no olvidaré nunca. Gané luego el Premio Luca de Tena -un ilustre apellido sevillano- con un artículo que se titulaba Atención a Sevilla. En fin, yo estuve a punto de ser secretario de Estado con él, y si no acepté, a pesar de su insistencia durante una reunión de cuatro horas memorables para mí, fue porque yo tenía entonces mi vida profesional muy abandonada y creía que debía tener unos meses para rehacerla. ¿En cuanto a los desacuerdos? Bueno, en la concepción de la vida cultural de un país no es fácil ponerse de acuerdo entre varias personas competentes cerca de aspectos teóricos. Pero debo insistir en que esos desacuerdos son matices de un acuerdo general que es un programa cultural de UCD, que él, naturalmente, ha intentado cumplir y que yo voy a tratar de seguir cumpliendo. Yo voy a ser un ministro muy continuista respecto a las mejores iniciativas de Manolo Clavero. He tenido hoy una larga conversación con él. Voy a hablar con su equipo. No tengo, de momento, nada penado sobre las personas. Simplemente, quiero entrar a fondo en los problemas.

P. ¿En qué va usted a poner énfasis en el marco general de la cultura española?

R. Yo no me atrevo a decir en qué voy a poner énfasis, porque el conjunto de problemas es tan abrumador que a lo mejor yo iba a indicar ahora los temas que yo me sé mejor y eso podría ser injusto para otros temas. No me atrevo a decir ahora cuáles van a ser las líneas directrices de mi política cultural. Lo único que puedo decir es que va a ser una política de equipo, como lo fueron las de Clavero y Cabanillas. También puedo decir que va a ser una política global, subsidiaria y que tratará de cumplir en todo momento, con todo entusiasmo. el programa cultural de UCD.

P. ¿Usted podría definir cuál es ese programa cultural de UCD?

R. Yo podría definirlo porque participé en su formación, en una de las ponencias del primer congreso del partido. Ese programa fue luego reelaborado por un grupo de personas que nos reuníamos hasta las seis de la madrugada. Antonio Fontán siempre se preguntaba qué hacíamos hasta esas horas de la mañana hablando de cultura. Luego lo volvimos a pulir y a resumir para el programa de Gobierno. Nos llamó Adolfo Suárez a Joaquín Garrigues y a mí a Murcia y entre ambos lo preparamos; el presidente lo aceptó de manera plena. Y ese es hoy el programa de UCD que yo voy a tratar de llevar a cabo con todas las matizaciones que da la experiencia de estos meses.

P. En esta época, tras la dictadura, se pensó que la cultura sería la gran protagonista de la vida española, sin embargo, se observa un innegable desencanto sobre el desarrollo cultural del país. ¿Participa usted de ese desencanto?

R. No, no soy partícipe de ese desencanto, porque soy un gran admirador de Graham Greene. Y usted conoce esa famosa frase de Graham Greene que, más o menos, decía que en la época más tiránica, más dictatorial que ha tenido un régimen en el mundo, que fue la Florencia de los Médici, floreció la cultura del Renacimiento; en el país más democrático, más libre de la historia, más democrático, que ha sido Suiza., el único descubrimiento importante ha sido el reloj de cuco. Hasta ahí la frase de Greene. Yo no creo que eso sea exactamente así, porque en Suiza ha habido, indudablemente, otros descubrimientos más importantes que el reloj de cuco. Pero es una paradoja que debe hacernos reflexionar sobre las relaciones entre la Cultura y el Estado. Yo creo que en la Unión Soviética no existe en este momento el mismo concepto de libertad que el que hay en el mundo occidental. ¿y puede decirse que no haya cultura? Evidentemente, hay aspectos culturales admirables. ¿Esto quiere decir que hay que fomentar la falta de libertad para que florezca la cultura? Esto sería un disparate tremendo. En el primer número del diario Avui, de Barcelona, aparecieron unas declaraciones mías en catalán (No; no las hice en catalán, las tradujeron.), y en ellas dije que no se concebía la cultura sin libertad. Es decir, en el momento histórico actual de España una privación de libertad llevaría consigo, indudablemente, el hundimiento de la cultura. Esto no significa que a una mayor dosis de libertad corresponda inmediata mente un florecimiento cultural.

"Soy discípulo de Pío Cabanillas"

P. No hay demasiado dirigismo cultural en España?

R. Yo creo que, al contrario: la aportación básica de Pío Cabanillas a la teoría cultural de UCD fue la abolición de dirigismo en la administración de la cultura. Pío insistió mucho en este terreno y yo soy un discípulo de Pío Cabanillas, y los dos hemos estado de acuerdo en esto. El tenía la obsesión por el no dirigismo. Desde 1975 hasta hoy hay una disminución evidente del dirigismo. Lo que pasa es que entre el dirigismo y la inhibición hay una vieja palabra política española, que es la palabra fomento. Es una palabra preciosa. Porque indica suavidad, respeto. Para mí, y no sólo para mí, sino para el programa cultural de UCD, la política cultural ha de ser eminentemente subsidiaria. Es decir, el Estado tiene que acudir allí donde la sociedad y los entes políticos y sociales no llegan en lo cultural y donde la sociedad quiere que el Estado llegue. El Estado no puede interpretar la oportunidad de llevar a cabo una acción cultural si antes no ha compulsado la necesidad social de esa acción.

P. Como comentarista político, ausente de toda la valoración ministerial que ahora adquiere, ,cómo hubiera reaccionado usted ante un caso como el que aparentemente ha impulsado al señor Clavero a presentar su dimisión, es decir, su desacuerdo con el ritmo que las autonomías, y la de Andalucía en particular, debía seguir?

R. Yo soy un diputado de una región preautonómica, cuya preautonomía tiene algo que ver con mis modestos esfuerzos. Y creo que tengo una óptica bastante poco centralista. Pienso que sobre el caso planteado por Clavero, con el que siempre me he llevado muy bien, habría que hacer un análisis mucho más profundo que el que yo pudiera hacer ahora. Quizá lo pueda hacer algún día, en la historia de la transición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de enero de 1980