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TRIBUNA

Meditación sobre un colapso

Durante las dos últimas semanas, el comportamiento de los bancos ha acaparado la atención, tanto de quienes aún siguen de cerca el comportamiento del mercado de valores como de aquellos que ya prácticamente lo tienen olvidado. En una sola sesión, la del pasado martes, los títulos bancarios ofertados, y sin contrapartida, superaron el millón de acciones. Este volumen de oferta, hasta ahora desconocido en nuestras bolsas, ha dado lugar a los más diversos rumores y especulaciones, avivando incluso olvidados temores. Para intentar una aproximación a lo que realmente ha sucedido, hemos pedido su opinión a conocidos especialistas.

Agente de BolsaMás de un millón de acciones ban carias, ofrecidas sin precio ni contrapartida, han detenido su curso circulatorio y se han embalsado en las sesiones bursátiles de estos últimos días. El hecho tiene carácter histórico -por inédito y porque va perteneciendo al pasado- y merece un análisis de sus causas. La Bolsa ha sufrido una parálisis de la mitad de su cuerpo operatorio.

Como es fácil suponer, esta grave desarticulación entre la oferta y la demanda no es un acto aislado y espontáneo del mercado, sino el producto de un proceso. He aquí un esquema de sus razones.

Sociológicas. Proverbial resistencia al cambio social de las clases ahorradoras, agudizada en este momento por los referendos autonómicos (a pesar de las votaciones tan descafeinadas). Ocaso de las inversiones míticas. Ratificación del fenómeno mundial de la mayor vulnerabilidad del mercado de acciones que del de renta fija ante la inflación.

Financieras. Ausencia de una política bursátil y, especialmente, la falta de una ordenación y calendario anuales de las emisiones, que irrumpen inadecuadamente en el mercado bursátil. Orientación de éste hacia criterios de rentabilidad. obstaculizados, en este caso, por la limitación legal al reparto de dividendos, que fuerza la baja. Desencanto de alguna parte de la inversión extranjera por la incapacidad de reacción de la Bolsa, después de las últimas elecciones generales.

Fiscales. Tratamiento tributario de las minusvalías en el impuesto general sobre la renta de las personas fisicas, que permite reducir la cuantía de esta obligación fiscal, si se contabilizan pérdidas por diferencias de cambio. Se consiguen efectos análogos a las ansiadas desgravaciones, pero vendiendo, en lugar de comprando.

Institucionales. Lentitud en el proceso de actualización y reforma de la Bolsa, sustituidas hasta ahora por manifestaciones de corte lírico. Liquidación de las sociedades de inversión mobiliaria, al amparo de las exenciones fiscales. La magnitud de un aluvión de títulos suele tener su origen en una oferta molecular.

Tecnicobursátiles. Sistema de contratación sin subasta múltiple, y práctica -garantía de colocación de un porcentaje sobre el total, que propicia la puesta en venta de más títulos de los que realmente se desea vender. Ausencia de corros bursátiles diferenciados para negociar órdenes de volumen medio ordinario y paquetes de grandes accionistas.

¿Qué terapéutica tiene esta interrupción temporal de la función de liquidez bursátil? Independientemente del ajuste paulatino de la oferta y de la demanda, que se vaya produciendo diariamente, no debe dejar de ser registrado este acontecimiento, hasta ahora insólito, para su investigación y remedio, que no es simple ni mágico, a la luz de sus causas. Si se quisiera sintetizar una conclusión habría que convenir que se llega a estos extremos cuando se practica la creencia metodológica de que los problemas se resuelven por el mero transcurso del tiempo, y que hay que dejarlo fluir impasiblemente hasta que vuelvan otros mejores.

Por el contrario, la experiencia ha demostrado que contemplar el paso de la corriente tiene el riesgo de que se estanque, fermente y acabe degradando el caudal y el cauce. Hay que afrontar públicamente, sin recato ni sigilo, los temas que afectan a los muchos ciudadanos que son accionistas. Hay que pronosticar que estos sucesos llevaran al convencimiento de todos que la Bolsa no puede seguir navegando a la deriva; que hace falta una política bursátil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de noviembre de 1979