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CRÍTICA DE CINE DE 1979 | 'ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO'

Es peligroso asomarse al exterior

Imagen de la película 'Alien: El octavo pasajero'.
Imagen de la película 'Alien: El octavo pasajero'.

Como en los viejos avisos de la Renfe, lo mismo que en sus viajes, también es peligroso asomarse al espacio exterior desde las naves espaciales, si se quiere cumplir con vida sus periplos prolongados. Cuando alguno de los protagonistas de estos ingenios, a la vez complicados y armoniosos, dice, mirando más allá de su ventana, aquello de «¡Cielos; jamás he visto cosa semejante!», puede decirse que empieza verdaderamente la historia. El resto, hasta entonces, son preliminares. Tales secuencias iniciales son lo mejor de este filme. Una vez en la nave el octavo pasajero, todo discurre por los cauces tradicionales, ya expuestos en aventuras anteriores.La amenaza de un ser extraño al que es preciso eliminar ha aparecido en infinidad de «comics» cinematográficos y siempre viene a resultar un pretexto excelente para sacar a la luz una amplia panoplia de efectos especiales. Al temor por lo desconocido ha venido a sumarse aquí un cierto terror que se apoya en la mera repugnancia, lo que, a ratos, no impide que el público se tome a broma el espectáculo.

Alien, el octavo pasajero

Según la historia de Dan O'Bannono. Guión de Dan O'Bannonoy Ronald Shusett. Dirigida por Ridley Scott. Intérpretes: Tom Skerritt, Sigourney Weaver, Verónica Cartwigth, Harry Stanton, Jhon Hurt, Ian Holm e Iaphet Kotto. Panavisión. Color. EEUU. Anticipación local de estreno: Real Cinema, Luchana, Carlton.

De este modo, Alien se sitúa a muchos años luz, sideralmente hablando, de Odisea 2001 o Solaris. Lo que en estos filmes había de miedo metafísico, de angustia del hombre ante las coordenadas infinitas del tiempo y el espacio, aquí acaba reduciéndose a una mutua persecución, que acabará con la victoria de los, en teoría, más débiles humanos. Como en la redacción del guión han intervenido fundamentalmente especialistas en este tipo de espectáculos, la anécdota sirve para su lucimiento por mucho que a la nave se la bautice con el nombre de «Nostramus». Ridley Scott, que en lo que se refiere a fotografía y ambientación ya nos dio una excelente versión de las guerras napoleónicas, se ha volcado esta vez exhaustivamente en el interior de su nave, generosamente dotada por ingenieros y asesores, lo cual le lleva en ocasiones a una cierta morosidad en secuencias que requerían mayor alivio de imágenes puramente técnicas.

Aun así, en conjunto, la atmósfera fuera y dentro de su tren espacial se consigue plenamente, e incluso el principal escollo de este tipo de relatos: el octavo pasajero, en este caso, resulta verosímil y llega a impresionar incluso, excepto cuando en la secuencia final nos lo presentan con orejas y rabo. La narración discurre dentro de cánones rigurosamente realistas, en los que se deja poco en sombras aunque en sombras transcurra gran parte de la película. Así, el robot es una máquina con aspecto humano, una trampa demasiado infantil como gran parte de los momentos clave que motivan los lances principales. Los tripulantes maldicen en un lenguaje demasiado vecino al nuestro, y el gato, en fin, aparece como símbolo eterno de lo que fueron y serán los gatos.

Bastante bien interpretada y con una música que se atiene al estilo clásico del género, este filme viene a inscribirse, si no entre los mejores de su escuela, sí entre los mejor realizados, a lo que hay que añadir la novedad, en estos tiempos feministas, de que precisamente sea una mujer quien se convierta en heroína principal, seguramente para que los exegetas de la ciencia-ficción, tras de traer a colación a Conrad, busquen paralelismos con la vieja leyenda de La Bella y la Bestia.

'Alien: el octavo pasajero' (1979). Dirección: Ridley Scott. Duración: 112 minutos. Formato: DVD.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de septiembre de 1979