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Homenaje a Pablo Pruna en el Congreso Nacional de Musicología

Se desarrolla esta semana en Zaragoza el I Congreso Nacional de Musicología, organizado por el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General de Música.El acontecimiento cultural coincide con la conmemoración del tercer centenario del organista y compositor barroco aragonés Pablo Pruna, que ha pasado a la historia de la musicología nacional con el sobrenombre de El ciego de Daroca. Composiciones y obras de Pablo Pruna están, pues, presentes de una forma excepcional en este I Congreso Nacional de Musicología, al que asisten más de un centenar de especialistas.

Las primeras ponencias y actividades del congreso han girado en torno a la polifonía española del siglo XVI y a todo lo relativo a la literatura organística. Más adelante el Congreso ha analizado y estudiado temas referidos a la producción española de órgano durante el siglo XVII y a las tendencias barrocas en general.

En este I Congreo Nacional de Musicología participan, entre otros, especialistas en el capítulo de la etnomusicología.

En la sesión inaugural de este Congreso ha estado presente también el arzobispo de Zaragoza, monseñor Elías Yanes, en un intento para poner de manifiesto la importancia de la música religiosa en el desarrollo de la producción organística española entre los siglos XVI y XVIII, faceta que está siendo objeto de estudio, en forma preferente, por los ponentes de este Congreso.

La celebración del tricentenario de El ciego de Daroca, Pablo Pruna, ha sido factor decisivo para que el Ministerio de Cultura eligiera a Zaragoza como sede de este I Congreso de Musicología.

En medios culturales zaragozanos la celebración del Congreso ha sido acogida muy positivamente, en la esperanza de que estas jornadas de trabajo contribuyan a revitalizar los conciertos de órgano barroco en la catedral de La Seo, promovido por el Cabildo catedralicio o por la comisión de Cultura del Ayuntamiento, conciertos que han llegado a obtener unos resonantes éxitos de público y crítica a lo largo de los últimos años, y que habían convertido a Zaragoza en una de las pocas localidades de España donde, de forma más o menos frecuente, era posible asistir a este tipo de acontecimientos musicales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de septiembre de 1979