La capital cubana se maquilló para la "cumbre"

Los comités de defensa de la revolución (tienen cinco millones de afiliados en todo el país) han sido movilizados en cada barrio para trabajar en los preparativos y apoyar la sexta cumbre de los no alineados, el acontecimiento políticamente más importante producido en Cuba desde la toma del poder por Castro en 1959. Tan importante que el Gobierno se ha gastado más de 1.000 millones de pesetas en la construcción de un ultramoderno y funcional palacio de congresos, que albergará los trabajos de la reunión. Situado en el barrio residencial de Cubanacan, en medio de un parque de diez hectáreas, no tiene nada que envidiar a las mejores sedes de conferencias internacionales en cualquier lugar del mundo.La Habana ha sufrido una operación de maquillaje espectacular. Está bastante más limpia -afirman sus habitantes-, 30.000 basureros relucientes se alinean en las esquinas y han sido construidos cincuenta kilómetros de nuevas aceras, así como nuevas fuentes luminosas. 2.000 casas han sido repintadas, decenas de grandes farolas han surgido de la nada. Todos los grandes hoteles han sido remodelados -el control de acceso a los mismos es muy estricto y está prácticamente prohibido para los cubanos-. La policía, en función de vigilancia, está por todas partes. Zonas completas de la ciudad, sobre todo en el trayecto al Palacio de Conferencias, han sido recacheadas y aparecen impecables.
La movilización ideológica está presente también en la calles de La Habana. «Contra el sionismo, el imperialismo y el apartheid, la unidad de los no alineados" es el eslogan que aparecen en carteles por los principales puntos de la ciudad, donde el cartelismo revolucionario es bastante menor que hace años y se reduce, prácticamente, al espectacular póster gigante del Che Guevara, dominando la plaza de la Revolución.
Las autoridades no han olvidado tampoco nada para que la conferencia se divierta, y el célebre cabaret Tropicana, uno de los símbolos de la Cuba de Batista, ha vuelto a abrir sus puertas.
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