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"CuaIquier edad es buena para leer mis cuentos"

Entrevista con Gloria Fuertes

El dragón tragón y La momia tiene catarro son los dos últimos cuentos con los que Gloria Fuertes, tras cuarenta años de dedicación casi exclusiva a la literatura infantil, lucha a su manera por conseguir una infancia mejor. Dispuesta a encerrarse, «por lo menos los próximos tres meses», con un denso tomo de poesía para mayores, en el que vuelca toda una serie de recuerdo vivenciales, encuentra todavía tiempo para escribir sencillos versos navideños o villancicos sumamente sui generis.

Convencida de la calidad de su literatura para niños, «lo que yo escribo va dirigido a niños desde que empiezan a leer hasta que se mueren de viejos. El otro día que estuve firmando libros venían los viejecitos con las manos llenas de nietos y les brillaban los ojos a ellos como a los niños», Gloria Fuertes se lamenta de no tener competencia. Y es que la literatura universal y sus modelos tampoco le agradan demasiado. «Lo que hay o es muy clásico, porque el niño de hoy ya no está para Caperucitas ni Blancanieves, y sí está pues no hay que dárselo, o es absolutamente ñoño. Los cuentos clásicos cuentan historias horribles y morbosas, porque me parece muy terrible contarle a un niño cómo el lobo se come a la abuela, Yo huyo de asustar al niño en mis cuentos.»La convicción de que su literatura vuelve a los niños más sensibles, «dándoles sin querer trigo de gracia de humor y de amor», corre paralela con el horror que le producen los juguetes bélicos. «,El mejor regalo para un niño es un cuento. Y si hay fábricas que hacen escopetas y pistolas y tanques y hay padres que compran estos juguetes, te diré como digo al final de un poema reciente:

¡Niños del mundo / negaos / no aceptar / esos regalos! »

Cada día más pacifista y más convencida de la existencia de un Dios al que ella llama el Chaval Gloria Fuertes va dejando pequeñas notas didácticas y ejemplares para sus lectores en cada uno de sus cuentos. Y está convencida de que los niños de nuestra época, devotos de Mazinger y de cualquier modelo absurdo que les ofrezca la televisión, son capaces de disfrutar con sus sencillos juegos de palabras y sus historias de animalitos que siempre acaban igual «Y la amistad reinó entre ellos».

«Yo escribo para niños en general. No para niñas por un lado y para niños por otro. Algo he leído de esos cuentos feministas, pero no estoy demasiado de acuerdo. Me parecen simplemente innecesarios. Si el cuento infantil es bueno en su totalidad, vale igual para los dos sexos. Lo demás es una pedagogía experimental con la que no estoy de acuerdo. Cuando escribo, pienso en los niños, en general. Precisamente mi primer personaje infantil, fue Coleta, una niña de pueblo que venía a trabajar a Madrid como niñera de otros niños ricos. Y esto lo escribí en el 39, o sea que ya entonces estaba yo a favor de la niñas.»

Su «cristianismo un poco izquierdista» no le impide tener una casa abarrotada de objetos de fotografías dedicadas, de libros, un belén muy tradicional y encantador dentro de la más estricta ortodoxia litúrgica, con sus pastorcitos de barro, de los que ya son difíciles de encontrar, y un Niño Jesús de auténtica filigrana. «El tema de la Navidad me inspira siempre. Hace cuarenta años que escribo villancicos por estas fechas y creo que seguiré haciéndolo y me parece que a los niños les gustan mucho. La literatura infantil es una de las cosas más difíciles de escribir y de las más importantes. Yo he conseguido, tras un entrenamiento y un conocimiento del niño muy profundos, escribir para ellos con gran acierto.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de enero de 1979